Una voz me decía: “Aquí está tu lugar como sacerdote”

¡Bendito sea Dios! Hola soy Jorge Mena Hurtado, tengo 18 años y soy originario de la CDMX. Me gustaría contarles cómo fue mi llamado, cómo Dios ha suscitado en mí la vocación al sacerdocio y cómo este proceso ha estado marcado por la presencia de María.

Éramos católicos pero sin compromiso, ya saben: asistíamos a Misa cada 1 de enero y el Miércoles de Ceniza, en XV años, bodas, etc. Viviendo sin Cristo como centro de nuestra vida.

Después de varios años Jesús vino a nosotros en la Primera Comunión; me refiero a mi hermano y a mí. Fue tan fuerte aquel encuentro que ya no queríamos apartarnos de su lado. Yo tenía entonces 10 años.

Con el paso del tiempo surgió en mí un profundo amor por Jesús-Eucaristía, el cual maduró y preservó por el hecho de que mi formación académica la tuve con las Siervas de Jesús Sacramentado; así fue toda la secundaria y la preparatoria. Durante todos esos años veía la obra del Señor y había algo que me inquietaba, algo que me capturaba totalmente: era el amor a Jesucristo.

Él se me fue presentado de varias formas: en su Palabra, en sus hijos, etc., diciéndome, “¡Ven y sígueme!” Durante mucho tiempo estuve pensando cómo responder a su llamado, y me di cuenta que lo que me hacía sentir vivo era servir, servir sin mirar a las personas, sino a Cristo en cada una de ellas.

Gracias a la oración y al discernimiento con varios sacerdotes fui escuchando más fuerte la voz de Dios que me decía: “Aquí es tu lugar, como sacerdote”. Fue entonces que acepté y tomé la decisión de querer agradar al Señor con mi servicio hacía su grey; fueron muchos años que tuve que pensar esta respuesta que sé que cambiará mi vida para siempre. Como mencioné al inicio, en mi vida ha estado presente siempre la Virgen María, sin que yo me percatara, ella ha sido el vehículo principal gracias al cual he llegado a conocer a su Hijo; fue ella la que me llevó por el camino correcto para no perder de vista el sendero recto a través del Rosario y la oración con mi familia, siempre pidiendo su intercesión.

Además –y esto es más como un consejo– si pueden consagrarse a ella podrán estar seguros de que nuestra Madre les concederá lo que necesitan; ella no se equivoca y cuida a sus hijos de una manera increíble. Esto fue lo que me ocurrió a mí, gracias a que me consagré a ella descubrí mi vocación, y sin lugar a dudas, María es la que ha permitido que el día de hoy esté yo aquí.

Agradezco a Dios por estar aquí, y pido sus oraciones para que llegue a la meta final y un día pueda servirles como sacerdote. Dios los bendiga.

Fuente: SIAME

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