Dios siempre fue mi refugio; hoy quiero servirle para siempre

Mi nombre es Omar Israel Flores Jiménez, tengo 37 años, soy de la delegación Xochimilco de la CDMX, y el mayor de dos hermanos; actualmente estoy estudiando el primer año de Filosofía en el Seminario Conciliar de México.

A la edad de nueve años veía cómo mis tías, Irma y Socorro, asistían a la iglesia como coordinadoras de Escuela de Pastoral, y me nació la curiosidad de aprender sobre el tema de religión; les pedí entonces que me llevaran con ellas, y accedieron; allí comencé a conocer a Cristo y a ver a los sacerdotes con mucho cariño; recuerdo al sacerdote de mi parroquia, a quien todos conocemos como padre Nico, se trata de un hombre que en la actualidad, pese a su avanzada edad, sigue sirviendo al Señor. A partir de este acercamiento comencé a prepararme para recibir los sacramentos, y sobre todo a buscar al Señor en cualquier momento de mi vida.

A los once años tuve un accidente que me hizo depositar toda mi fe y esperanza en Dios, y comprendí que sólo en Él podía refugiarme y encontrar una respuesta a aquel suceso que marcó mi vida. Con este acontecimiento me adentré más a trabajar en la parroquia, esperaba con ansia el día domingo para poder tomar y dar mi servicio en la Escuela de Pastoral.

Pero algo pasó que de pronto lo dejé todo por un tiempo. Mis ideales eran otros, pero no me sentía a gusto, algo me faltaba; en el transcurso de esa etapa, los problemas y responsabilidades enfriaron mi cercanía con el Señor, pero la gente no dejaba de decirme que tenía carisma de sacerdote.

Mientras trabajaba, regresé a dar catequesis a la parroquia. En aquella época me di cuenta que ante los problemas laborales, la iglesia comenzaba a convertirse en un refugio para mí. Preparaba con gusto los temas para mis sesiones de catequesis, pues la convivencia con los niños y con sus papás me llenaba mucho espiritualmente; la catequesis fue para mí un servicio muy especial, ya que en ella se fue marcando más la vocación que Dios me regalaba, y lo hacía a través de la gente.

Pero seguía soñando con formar una familia; tuve un trabajo estable, tuve novia y un lugar donde vivir; sin embargo, me seguía haciendo falta algo. La muerte de mi abuelita me marcó demasiado, por lo que me refugié nuevamente en Dios. Fue un suceso duro, pero Él me fue mostrando el camino más claro. Recuerdo que esta frase me ayudó mucho en ese momento: “Dejas algo bueno para ir en busca de algo mejor”. Seguirlo ha sido la decisión base para ir en busca de la felicidad. Hoy he empezado ese camino, no es nada fácil, lo sé, pero Jesús me da fuerzas para seguir, y me hace sentir pleno. Encomiendo mi vocación y a mi familia a tus oraciones, que yo haré lo mismo por ti, hermano…

Fuente: SIAME

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