La sabiduría de mi madre me llevó a abandonar a los Testigos de Jehová

“Si te están enseñando algo que vaya en contra de los otros, quiere decir que te están llenando de basura”.

Soy Felipe Siderio Jacinto y quiero compartirles mi historia vocacional.

Mis padres tenían otros intereses, nunca me hablaron de los sacramentos. Me acuerdo que mi papá me mandaba con un predicador protestante para que me enseñara a leer la Biblia, pero me llamaba más la atención el testimonio de mi madre, pues cuando llegaban los Testigos de Jehová en la casa, ella siempre les daba de comer, ella, sin saber hablar español, platicaba con estas personas. Como nos visitaban seguido, me invitaron a estudiar con ellos. Se me hizo interesante, puesto que yo ya conocía la historia sagrada.

Me hablaban de un Jesús profeta, como un semidiós. Eso me inquietó, porque de niño me atemorizaba el letrero que le pusieron a Jesús en la Cruz (INRI). Me acuerdo que mi hermano Luis me decía que era una palabra peligrosa y que al mismo tiempo era una burla. También me decía que Jesús había muerto por los pecadores y que era un hombre justo.

Todo iba “bien” hasta que empezaron hablar mal de los otros hermanos y mi madre siempre decía; “si te están enseñando algo que vaya en contra de los otros, quiere decir que te están llenando de basura” (sabiduría de los ancianos chinantecos).

Mi hermano Luis es contador, y es el orgullo de mi padre. Ellos querían que yo siguiera el mismo camino. Sin duda, me puse a estudiar la misma carrera, era para darles gusto, pero como no me gustaba, dejé la facultad y me puse a estudiar otra carrera.

Con el tiempo tomé malos hábitos, volví a dejar la carrera y perdí la confianza de mi familia. Llegué en la CDMX con la intención de conseguir un buen trabajo; laboré como militar, un amigo me ayudó, ya que mi estatura es baja.

Tuve buenas y malas experiencias, como a todos nos pasa, y en varias ocasiones la muerte estuvo cerca de mí. Siempre me ha gustado convivir con la gente, y cada quincena gastaba mi dinero con los vagabundos de Garibaldi y Pino Suarez; me sentía feliz, pero no veía la imagen de Cristo sufriente en ellos. Había un vacío en mi vida, dejé mi trabajo, no era lo que yo esperaba, me alejé de la ciudad para encontrar un nuevo camino.

Ya no hablaba con nadie, incluso me alejé de la tecnología. Tiempo después, platiqué con un sacerdote que ahora ya está en la Jerusalén Celestial: el P. Ramón Reyes Luna, Misionero Comboniano, quien me habló de su vida, de sus aventuras en la Sierra Chinanteca; conoció a mi tío José Siderio, quien fue un señor muy respetado en el pueblo de Usila.

Así comenzó mi llamado, pero cuando le di la noticia a mi padre, me corrió de la casa.

El padre Ramón era mi ejemplo, mi confesor, fue un gran misionero, yo quería ser como él, pues cada quien tiene su don. Agradezco al P. Antonio Venegas, quien después de la muerte del P. Ramón me ayudó a fortalecer este hermoso llamado, y ahora gracias a su motivación y acompañamiento curso el cuarto año de Teología.

Hermanos, oren por sus sacerdotes, por sus seminaristas y oren por las vocaciones.

Fuente: SIAME

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