Andaba en muy malos pasos, pero Dios me rescató para servirle

Andaba en muy malos pasos, pero Dios me rescató para servirle

Mi nombre es Patricio y estudio el tercer año de Filosofía. Aunque podría mencionar acontecimientos que desde pequeño me fueron marcando, mi historia vocacional inicia cuando comencé a trabajar a los 16 años en una pequeña empresa de venta de carnes. Me gustaba leer sobre negocios y mi aspiración en la vida era dedicarme a ello. No tuve mucho tiempo –gracias a Dios– para desviarme del camino del bien, pero el tiempo que lo hice fue suficiente para conocer la gravedad del mal y sus consecuencias.

Desde muy chico, junto con mi mejor amigo, entré en un ambiente de rechazo a Dios, y por lo tanto, de destrucción de los hombres. Me metí en muchos problemas, no sólo académicamente hablando, y comencé a experimentar el pecado de la gula, la lujuria y la avaricia. Estos pecados me fueron cegando y metiendo en un mundo donde lo único que obtenía era un enorme vacío.

Mi hermana y yo empezamos a llevar el mal casa, y la familia entró entonces en grandes problemas. No veíamos solución a la situación que enfrentábamos; además, vivíamos en constante estado de pecado, y fue, increíblemente a través de esas dificultades, mediante las cuales Dios comenzó a ser cada vez más insistente en el llamado a seguirlo en la vida de gracia y sacerdotal.

La idea del sacerdocio no era parte de mi ideal en la vida, pero fue gracias a la ayuda de sacerdotes quienes, a través de la confesión, me fueron mostrando que el amor de Dios es infinito, y que no sólo estaba dispuesto a perdonarnos y ayudarnos a cambiar, sino que quería darnos una vida nueva. Mi vida estaba cambiando, pero no encontraba la forma en la que Dios quería que respondiera a su llamado.

Un día de desesperación, le pedí a Dios que me diera una señal clara o abandonaría la idea de seguirlo para entrar en la universidad y continuar con mi proyecto de vida. ¡Vaya que me faltaba paciencia y humildad!

Ese mismo día me fui a confesar con un sacerdote diocesano, el P. Juan Antonio Vertiz, y al terminar la confesión, sin que yo dijera algo respecto al sacerdocio, él me preguntó: “Hijo, ¿alguna vez has pensado en ser sacerdote?” Inmediatamente le contesté que sí, pero que no encontraba dónde podía atender dicha inquietud. A partir de ese momento Dios me dio una certeza clara para seguir un determinado camino, y a pesar de las dificultades que siguieron, que fueron muchas, Él se encargó de que nada interrumpiera lo que tenía planeado para mí.

Estoy comenzando el último semestre de Filosofía, y ruego a Dios y a la Virgen que me sigan llenando de su amor para que pueda responder al llamado, inmerecido, que por su infinita misericordia Él me ha hecho

“Con amor eterno te he amado, por eso te he atraído con misericordia”. (Jer 31: 3)

Fuente: SIAME

Bingo sites http://gbetting.co.uk/bingo with sign up bonuses