Una persona agonizante marcó mi vocación al sacerdocio

Mi historia vocacional se remonta a mi infancia, donde mi abuelito me educó en la fe, ya que él me enseñó a rezar el Santo Rosario, a pedir por las necesidades de los demás, a servir a la iglesia, pero, sobre todo, a ser humilde, respetuoso con la gente y a visitar a los enfermos.

Hola, mi nombre es Porfirio Villegas Gálvez, tengo 23 años, soy del estado de Guerrero y actualmente estudio el primer año de Filosofía en el Seminario Conciliar de México.
Mi historia vocacional se remonta a mi infancia, donde mi abuelito me educó en la fe, ya que él me enseñó a rezar el Santo Rosario, a pedir por las necesidades de los demás, a servir a la iglesia, pero, sobre todo, a ser humilde, respetuoso con la gente y a visitar a los enfermos. Todavía recuerdo aquellos momentos cuando iba con él a rezar a la iglesia y a orar con toda la familia en casa; todo esto me hizo el hábito de la oración y de acercarme más a Dios.

El llamado de Dios empezó a tomar forma a los 11 años cuando empecé a dar mi servicio a la iglesia, y a convivir con los Hermanos Maristas y con las Hermanas Misioneras de los Santos Mártires; con ellos aprendí muchas cosas, sobre todo me ayudaron a discernir sobre mi vocación. 

Una de las cosas que me marcaron la vida fue cuando visité a una persona enferma que estaba agonizando. Fue cuando vi la necesidad de un sacerdote, (pues toda persona merece tener la Unción de los Enfermos) que tanta falta le hacía, pero debido a que la parroquia quedaba lejos, fue imposible que llegara el sacerdote en esos momentos; fue ahí cuando sentí el primer llamado de servir a Dios a través de su pueblo que tenían siempre esta necesidad. 

Una vez que entré a la preparatoria con los Hermanos Maristas tuve aún más la cercanía con ellos, y por supuesto, con el sacerdote que atendía la comunidad. Cuando me pusieron como coordinador del taller de promoción de la fe y de la vida evangélica, tuve la cercanía con el obispo para organizar los actos litúrgicos que se llevaban a cabo en las solemnidades dentro del colegio y de la comunidad. De los tres años que estuve estudiando en la preparatoria marista aprendí muchas cosas, pero, sobre todo, a crecer en valores y en la vida de oración; asimismo, a brindar mi servicio a los niños de la comunidad para darles catecismo, al igual que enseñar a aquellos niños que no tenían la oportunidad de ir a la escuela; esto acrecentó mi vocación.  

Una vez terminada mi preparatoria comencé el proceso para ingresar al seminario, pero mi Director Espiritual me dijo que era necesario luchar por la vocación y dejarlo todo en manos de Dios; en efecto, cuando me dieron la respuesta, fue una gran sorpresa, pues me dijeron que iba a entrar en el Seminario Conciliar de México. Por una parte, era una gran alegría, pero por otra, sentía miedo porque no sabía a lo que me enfrentaría, pues significaba dejar mi casa, mi familia y amigos, para llegar a una gran ciudad, pero Dios no me abandonó. Me encomiendo a sus oraciones para poder seguir respondiendo al llamado que Dios me hace.

Fuente: Siame

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