La mirada de la Guadalupana me atrajo hacia su Hijo

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La estructura arquitectónica de la Basílica, un templo sin igual, distinto a todos los que había visitado. Fue mayor la sorpresa cuando me percaté que ese extraordinario edificio acoge día con día a miles de personas.

Uno de los rasgos más fascinantes de la Biblia es que casi toda ella está repleta de historias; cada una con personajes, escenarios y situaciones, pero, sobre todo, en cada una de ellas, por más obscura o adversa que sea, Dios se manifiesta. Cada uno de nosotros, de la misma manera que en la Biblia, tenemos nuestra propia historia de salvación en la que Dios va tocando nuestra vida y se va manifestando en ella.

Yo soy Kevin David Franco Posadas y en esta ocasión quiero compartirte la mía. Cuando tenía seis años, acaeció un suceso impactante en mi familia: mi padre enfermó y falleció, dejándonos desamparados a mi mamá y mis dos hermanos mayores. Además de perder un esposo y padre, lo peor que pudimos perder fue la fe y la esperanza en Dios. Por un tiempo vivimos resentidos con Él, pues creímos que nos había dado la espalda. Mis hermanos se sumieron en una profunda depresión, de manera que cayeron poco a poco en el alcoholismo y en la drogadicción. Con el paso del tiempo y, gracias a la valentía y el gran amor de mi madre, supo corregir a mis hermanos y restaurar, con cariño y comprensión, el núcleo familiar.

En este contexto fue cuando, cursando el primer año de secundaria, mi mamá y yo nos propusimos asistir a Misa en la Basílica de Guadalupe como un pequeño “sacrificio”, pues habíamos faltado un par de domingos a Misa. Puesto que, en ese entonces, deseaba estudiar arquitectura, lo primero que me llamó la atención fue la estructura arquitectónica de la Basílica, un templo sin igual, distinto a todos los que había visitado. Fue mayor la sorpresa cuando me percaté que ese extraordinario edificio acoge día con día a miles de personas, provenientes de muchísimos lugares, que llegan tristes, desoladas, lastimadas, con grandes pecados, entre otras cosas y, lo que me impactó muchísimo más fue que, en ese templo había un hombre que, con su persona, hacía presente al mismísimo Dios, de manera que quienes estaban en el santuario, al salir de él, regresaban animados, felices, salvados. ¡Ese hombre es el sacerdote!

Poco a poco me sentí muy atraído por participar en ese santuario, así que me integré al Grupo de Lectores de la Basílica de Guadalupe. ¡Esta fue una experiencia bellísima, ya que me encontré con Dios a través de su Palabra! De igual manera, fue surgiendo el deseo de ser sacerdote… Cuando estaba a punto de terminar la secundaria le comenté a mi mamá mi inquietud por ingresar al Seminario Menor, pero ella no accedió, me pidió que estudiara la preparatoria y después tomara la decisión. Ingresé a la Escuela Nacional Preparatoria No. 3 de la UNAM ¡y fue una experiencia genial! Además, seguía participando de mi servicio en Basílica como lector, monaguillo y, el último año de preparatoria, coadyuvé en el ámbito litúrgico con la Pastoral Indígena del Santuario. La dulce mirada de la Virgen de Guadalupe me sostuvo durante todo este tiempo y me atrajo a su Hijo amado.

Finalmente, cuando concluí la preparatoria, asistí al Centro de Orientación Vocacional durante unos meses. Posteriormente, ingresé al Seminario Conciliar de México. Hoy en día me encuentro en el segundo año de Filosofía, convencido de que mi historia es historia de salvación en la que Dios salvó mi vida y me llama para estar con Él. Tengo 20 años y ¡quiero ser sacerdote!

Fuente: Siame

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