Mi vocación se debe a la mujer

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Hola, mi nombre es Juan de Dios Mateos Ramos, soy originario de Tehuacán, Puebla, tengo 20 años y mi historia de vocación tiene como eje a la mujer ¿Por qué la mujer? porque una mujer me enseño qué era la Iglesia, ella se llama Isabel y es mi madre.

Mi madre siempre me animó para que me formara en la iglesia, comenzando en el coro del Santuario Guadalupano de Tehuacán cuando tenía 8 años, después como monaguillo, y más tarde en el grupo juvenil.

Sin embargo, por un tiempo me alejé y me volví “ateo”, pero gracias también a una mujer muy bella –que después fue mi novia– me acerqué de nuevo a la Iglesia; Y actualmente mi vocación ha crecido e intensificado gracias a otra mujer: Nuestra Madre Santa María de Guadalupe. Incluso, cuando le comenté a mi familia que me venía a México a estudiar, me contestaron: “tenía que ser una mujer la que te convenció”. 

Ahora me doy cuenta del importante papel que la mujer puede tener en la vida de una persona.

Recuerdo mi etapa de rebeldía: me llegaba a fumar hasta una cajetilla diaria de cigarros, no entraba a clases y siempre me iba de pinta; entraba con mi hermana a la escuela, pero me saltaba la barda para ir a nadar o a echar cotorreo, hasta que un día entré al seminario y todo cambió.

Algo curioso fue que, pese a todo, nunca me dejó de llamar la atención el sacerdocio; cuando me decían: ‘vamos a Misa’, iba; con pretextos y todo, pero asistía. Cuando entré al Seminario Menor en Tehuacán, empezó una revolución en mi vida, ya que comenzaba algo nuevo que nunca había experimentado; dentro de esa revolución hay una anécdota que recuerdo, y con mucho gusto la comparto porque ahí me di cuenta de qué tan grande fue ese cambio.

Toda la adolescencia me la pasé robándole dinero a mi mamá para irme de vago con mis amigos, y cada que desaparecía el dinero, ya sabían quién se lo había llevado. Una vez, cuando ya me encontraba en el seminario y estábamos de vacaciones, se perdió dinero y me preguntaron si yo lo había tomado, les contesté que no, me creyeron y se dieron la vuelta; efectivamente, yo no lo había tomado y me sentí muy bien porque ya no era la misma persona de antes y la confianza que algún día se había acabado totalmente, ahora estaba más fuerte que nunca. 

Ahora estudio para ser sacerdote, y pido sus oraciones para que el Señor me conceda la gracia de crecer en santidad y servirle a su pueblo.

Fuente: Siame

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