Mi vocación, un regalo descubierto en la oración

Hola, me llamo Luis Antonio Nengua Arriaga, soy originario de Toluca; me encuentro en la etapa del primer año de Filosofía en el Seminario Conciliar de México, y quiero compartir contigo la historia de mi vocación, historia de amor.

Crecí en una familia con valores cristianos, soy el tercero de cuatro hermanos, y a mis 21 años de edad recuerdo que desde pequeño mis papás me llevaban a Misa todos los domingos; llegó el tiempo en que asistí a la Catequesis, y así fui poco a poco conociendo a Jesús.

Viví mi adolescencia como cualquier chico; es decir, tenía novia, iba a la escuela, y me divertía con mis amigos. A pesar de que seguía asistiendo a Misa, fui dejando a un lado a Dios.

Mis proyectos de vida ya los tenía pensados, y entre ellos estaban el tener una familia, una carrera universitaria y una estabilidad económica y social. Pero iniciando mis estudios de preparatoria, mi conducta cambió; me hice rebelde e irresponsable, incluso me aplazaron un año mis estudios debido a mis malas notas, siendo una decepción para mi familia y para mí.

A pesar de que olvide a Dios, Él nunca me dejó solo. En una ocasión en que asistí a Misa en mi parroquia, me hicieron la invitación para formar parte del movimiento de Renovación Carismática Católica en el Espíritu Santo; yo acepté porque quería reavivar mi amor por Dios y sentirme mejor después de mis errores. Cada semana nos reuníamos en la parroquia para tener asambleas de oración.

En cada asamblea, yo me acercaba Dios con un corazón dispuesto a experimentar una renovación; el Espíritu de Dios empezó a actuar en mi vida, entendí que un corazón renovado, es un corazón nuevo, una vida nueva, una forma de experimentar el amor de Dios en mi vida.

Mis metas, mis objetivos, fueron cambiando, cada día, conforme pasaba el tiempo, estaba seguro de que ya no era el mismo; empecé a experimentar el señorío de Jesús en mí vida, mi atención se fue centrando poco a poco en el sufrimiento de las personas a mi alrededor, y éstas empezaron a acercarse a mí buscando una explicación a sus problemas; cuando yo las miraba a los ojos, empezaba a experimentar algo en mi interior: ¡Señor, ayuda!

Por esas personas que sufrían yo oraba en todo momento que podía y comprendí que presentarse delante de Jesús Eucaristía con lo que te acongoja te impulsa a darte cuenta de tu misión en la vida.

Mi vocación es un regalo descubierto en la oración por medio de una renovación, doy gracias a Dios por esta bendita corriente de gracia.

Fuente: Siame

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