Formas de Oración

Muchas veces, cuando escuchamos hablar sobre la oración, viene inmediatamente a nuestra mente la repetición simultánea del Padrenuestro o del Ave María, sin detenernos a considerar que, ante todo, la oración es el diálogo cercano y confiado con Dios. A lo largo de la Historia de la Iglesia, se han suscitado diversas expresiones, formas o modos para tener este encuentro con el Señor y se han convertido en una invaluable herencia que hoy debemos aprovechar para nutrir una relación de amor con Dios por medio de la oración.

La oración de acción de gracias consiste en reconocer la obra de Dios en nuestra vida, de modo que el corazón se llena del deseo de agradecerle por los dones que nos concede, sin duda, el ápice de este modelo de oración es la Eucaristía, la acción de gracias por excelencia.

Por otro lado, a partir de nuestra identidad como hijos de Dios, la oración de petición es la manera de implorar la ayuda o el auxilio del Señor ante alguna circunstancia particular. Hay una jerarquía en las peticiones: “primero el Reino de Dios, a continuación, lo que es necesario para acogerlo y para cooperar a su venida” (CEC 2632).

La alabanza es otra expresión para vivir este encuentro con el Señor, realizada de una manera singular, pues el canto juega un papel fundamental. A través del canto, los fieles también se dirigen a Dios, conjugándose la acción de gracias, la petición y la adoración.

La bendición constituye otra manera de oración “en la que el don de Dios y la acogida del hombre se convocan y se unen” (CEC 2626). La oración de bendición es entonces la expresión filial hacia Aquel de quien proviene toda bendición.

Asimismo, desde lo más intrínseco de la naturaleza humana se reconoce la pequeñez y la limitación, frente a la grandeza y magnificencia del Señor, brotando del ser humano la oración de adoración. “La adoración de Dios tres veces santo y soberanamente amable nos llena de humildad y da seguridad a nuestras súplicas” (CEC 2628).

Finalmente, la oración de intercesión es el modo de oración en el que somos mediadores entre Dios y las necesidades de nuestros hermanos. La oración de intercesión nos enseña el hecho valiosísimo de la vivencia en comunidad. En la intercesión, el que ora busca “no su propio interés sino el de los demás” (Flp 2, 4).

A modo de conclusión, podemos descubrir el gran regalo que la Iglesia nos ha legado en las múltiples manifestaciones, expresiones o modos para realizar este diálogo de amor con Dios. Ojalá que este breve artículo sea útil para integrarlo a nuestra vida diaria, agradeciendo, pidiendo, bendiciendo, alabando e intercediendo en nuestro encuentro con Dios que es Padre, Hijo y Espíritu Santo.

FRANCO POSADAS, Kevin David
3° de Filosofía

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