La vida del sacerdote

El primero que invita a un hombre a ser sacerdote es Dios, por su gran misericordia y para hacerse presente en el mundo, pues la salvación que Dios ofrece a través de su Hijo Jesucristo tiene una mediación por excelencia en la administración sacramental, pastoral y de enseñanza que los sacerdotes ejercen.

Y el sacerdote da respuesta, en la fe, a la llamada de Jesús: «vengo y te sigo». Desde este momento comienza aquella respuesta que, como opción fundamental, deberá renovarse y reafirmarse continuamente durante los años del sacerdocio en otras numerosísimas respuestas, enraizadas todas ellas y vivificadas por el «sí» del Orden sagrado. En este sentido, se puede hablar de una vocación «en» el sacerdocio. En realidad, Dios sigue llamando y enviando, revelando su designio salvífico en el desarrollo histórico de la vida del sacerdote y de las vicisitudes de la Iglesia y de la sociedad. (PDV, 63.)

La vida del sacerdote

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