Inmaculada concepción

El Seminario tiene como Patrona a la Inmaculada Concepción por voluntad, lo más seguro, de Don Francisco de Aguiar y Seijas. Hay que tener en cuenta que en los siglos XVI y XVII “el movimiento mariano y mariológico católico se centraba principalmente en la controversia en torno a la Inmaculada Concepción”. En ese tiempo, entre las universidades que defendieron con juramento el misterio de la Inmaculada Concepción estuvieron las de: Magnucia (1500), Viena (1501), México (1619), Inglostadt (1649) Salzburg (1697). En España a principios del siglo XVIII había más de 150 universidades, entre ellas la de Granada, Alcalá, Santiago, Toledo, Zaragoza, Salamanca, las cuales hicieron voto de sangre a favor de la Inmaculada Concepción.

Ahora bien, Don Francisco de Aguiar y Seijas como alumno, maestro y rector de la Universidad de Santiago de Compostela (1658) traía en su sangre el amor a la Inmaculada y el deber de defender esre misterio, por el juramento que hizo alguna vez. Por eso se cree que cuando Don Fracisco hizo las constituciones del Seminario en 1697, puso como patrona a la “Purísima Concepción de nuestra Señora, la Virgen María”.
Iconográficamente, respecto a la Inmaculada Concepción, el Padre Manuel Trens nos dice:

“Podemos decir que ya en el siglo XVII estaba juzgada (el misterio de la Inmaculada Concepción), al menos ante el jurado de fieles y pintores. Lo único que faltaba era encontrarle forma sensible y personificada, y sin recurrir a símbolos ni episodios históricos, dar plasticidad a esta idea, tan poco plástica, de la inmaculada concepción de María. Facilitó esta empresa la antiquísima figura de mujer que San Juan describe en su Apocalipsis, aunque con importantes retoques.

Como se trata de una prerrogativa de la Virgen, anterior a su maternidad divina, hay que representarla sin el Niño Jesús.  Reaparece, pues, la Virgen orante, adoptando el gesto más moderno de las manos juntas sobre el pecho, para indicar su coloquio interior. Como la mujer apocalíptica, María aparece sobre el fondo de una aureola solar, con doce estrellas alrededor de su cabeza, y la luna bajo sus pies. Pero, al mismo tiempo, María es identificada con la mujer anunciada desde el mismo paraíso, que había de aplastar la cabeza de la serpiente. María, representada como Inmaculada, es la nueva Eva que reparará los estragos de la primera. María es dantescamente respresentada como la mujer celeste, ideal, especulación viviente de toda la Santísima Trinidad, envuelta de una apoteosis de ángeles y nubes, y rodeada de luz, que atónita se separa para darle paso.”

La escultura de la Capilla Mayor del Seminario Conciliar de México, Casa Tlalpan, fue elaborada con cedro rojo, pesa 50 kilogramos y mide 127 centimetros. Tiene de 5 a 7 capas de blanco de España y 3 capas de pintura. Sus diversos colores son: el velo crema; el vestido perla; el manto azul de prusia; el revés del manto rosa; su cabello y las cejas como las de los dos ángeles castaño oscuro; las estrellas, la cenefa, las alas de un ángel, las sandalias, el cinto, parte de la toca (velo) son dorado; su rostro, manos, pies y rostros de los dos ángeles son encarnados, a saber, la mezcla de blanco básico, bermellón, carmín, ocre y azul cobalto; el mundo azul cobalto; las nubes gris oscuro; la serpiente café oscuro en la parte superior y crema en la parte inferior; la manzana rojo con amarillo y, por último, la peana color café oscuro. Los ojos son de cristal (esmalte); el dorado es de oro de 23 ½ kilates mate; las pestañas del pelo de la pesuña de toro; el encarnado fue pulido con vegija de borrego; el mundo, bajo el blanco del España, tiene una manta de algodón.

Se piensa que el autor de la escultura fue Don Manuel Tolsá, escultor y arquitecto de finales del S. XVIII.

Fuentes:

Jimenez Acosta, Humberto, Seminario Conciliar de México: Datos historicos, México, 1992.

 

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