Echar las redes

“ANTES DE FORMARTE EN EL VIENTRE MATERNO, TE HABÍA CONSAGRADO PROFETA DE LAS NACIONES”

By 21 abril, 2016 No Comments

Testimonio vocacional de Luis Fernando Espino Orozco, alumno del Seminario Conciliar de México. Señor: “muéstrame lo que quieres de mí”. En este momento experimenté algo que nunca había sentido, fue cuando seriamente dije: “Acepto, quiero ser sacerdote”.

Querido amigo lector, hoy te quiero contar cómo es que Dios me ha llamado. Mi nombre es Luis Fernando Espino Orozco, actualmente curso el segundo año de preparatoria y tengo 17 años de edad. Mi vocación comenzó a muy temprana edad gracias a mis abuelos, en especial mi abuelita materna, y a la devoción popular que atrajo mucho mi atención. Durante mi niñez, cada que se me preguntaba qué quería ser de grande, decía “padrecito”.

Cuando cursaba los últimos años de la primaria comencé a cambiar de idea; ya no sabía lo que debía hacer y poco a poco empecé a alejarme de la iglesia. El día 12 de diciembre del año 2011, mientras estaba en el primer año de secundaria, de la nada comencé a orar, y en medio de mi oración, le dije al Señor: “muéstrame lo que quieres de mí”. En este momento experimenté algo que nunca había sentido, fue cuando seriamente dije: “Acepto, quiero ser sacerdote”. Esa misma noche hablé con mis papás y les comenté lo que quería hacer; no sabía cuál iba a ser su reacción, y debo confesar que sentí miedo, pero puse mi confianza en Dios, y gracias a Él, me han apoyado siempre. Después de esto que te acabo de contar, fuimos en busca del promotor vocacional, y así comenzó mi proceso de orientación vocacional, que duró un año y medio.

Aún recuerdo el día que asistí a una Posada en el Seminario; entré en la capilla y quedé asombrado de su belleza. Viendo la imagen de la Santísima Virgen, le dije: “Madre mía, haz que la próxima vez que vuelva aquí, sea para quedarme”. Y así fue: unos meses después entré al preseminario, fue la semana más feliz de mi vida, y al término de ella fui aceptado. En ese momento sentí una felicidad inmensa, aunque también una gran tristeza al tener que dejar a mi familia.

Por fin estaba en el Seminario, el lugar donde toda mi niñez había deseado estar, pero las primeras pruebas no tardaron en llegar, pues a un mes de haber entrado, la dificultad para entender algunas materias me hizo desear tirar la toalla. Ese día entré en la capilla del Seminario y ahí, frente al Sagrario, le dije entre lágrimas: “Yo no puedo solo, tú me has llamado aquí, ayúdame, no me dejes solo”. Y la verdad sí me ayudó.

El día 24 de enero del 2015, al término del primer semestre, recibí con gran alegría la sotana. Fue un día que nunca olvidaré: frente al Señor, en el momento en que mis papás me revestían, escuchaba y repetía: “Antes de formarte en el vientre materno, te conocía y te había consagrado profeta de las naciones”.

Gracias por tu atención, amigo lector. Me encomiendo a tus oraciones, que Dios te bendiga.

Fuente: SIAME