Echar las redes

ATARDECER

By 18 febrero, 2015 No Comments

Compilación de poemas relacionados al catolicismo.

Atardecer
¡Quince lustros alcanza ya mi vida!
Inviernos duros, primaveras suaves,
Veranos rojos cono otoños graves,
Son sumandos de tarde abastecida.

El tránsito del tiempo me convida
A mirar cómo el giro de las aves
Espera que se colmen mis deslaves,
Para dar el adiós a mi partida.

Hay divorcio total en mis senderos;
Será el cuerpo al gusano sometido,
Y el alma subirá tras los luceros.

¡Liberada, por fin, de las pasiones!
En la tierra cumplió su cometido,
Ya la esperan mejores condiciones.

Cuaresma
Me vestí de morado con los lirios,
en busca de tu pie que se desliza
al encuentro del  polvo y la ceniza
sabedora de penas y martirios.

En los mares de todos los delirios
tu mano me serena y tranquiliza;
enciende en mi nada la sonrisa
luciente como llama de los cirios.

Al pie de la cuaresma y de las cruces
arrimo las sandalias silenciosas
caído  siempre el corazón de bruces.

Otra vez por la cuesta, solitario,
persigo tus pisadas amorosas
habituadas a cimas y a Calvario.

Agonía en el Huerto
La luna se filtró por los olivos
Posando su mirada en tu mirada;
La lluvia de sangre deshojada
Han tornado sus ojos pensativos.

Ya tu voz con acentos persuasivos
Conmovió la colina desolada,
Le rasgó las entrañas como espada
Que volvió sin lograr los objetivos.

Un lamento nutrido de congojas,
Urgido de sostén en agonía,
Se perdió con el viento entre las hojas.
Tú Señor, reclamaba por el huerto
De los tuyos la dulce compañía,
Pero aquel olivar era un desierto.

Vía Crucis 
Vía crucis permanente nos regalas
En ascético vuelo la gaviota;
Levanta  por el aire, donde flota,
Un brazo de la cruz en cada ala.

Llevada por el viento sin escala,
Nos dice de su triunfo y su derrota
En todos los sucesos en que brota
La ducha buena y la desdicha mala.

Cadena sin ruptura, nuestros días,
Con el ritmo puntual del candelario
Viven y mueren nuestras romerías.

Hagamos cotidiana nuestra oferta,
Andemos la jornada del Calvario
Que a todos nos imanta y nos alerta.

Coronación De Espinas
Negándose las rosas, por mis males,
A tu frente le clavo las espinas
Con todo el amargor de las salinas;
No administro, cual debo, los rosales.

Son tantos los caminos desleales,
Son tantas las veredas asesinas,
Que recojo las flores de mis ruinas
En las siega trivial de los eriales.

Desciende por tus sienes rojo río
De caudales de púrpuras sagrada
Donde lavan los hombres el desvío.

Envuélveme, Señor, en la corriente,
Donde quede mi culpa sepultada;
Recibe mi tributo penitente.

Flagelación
Atados estás, Señor, tu cuerpo inerte
Mis látigos alcanzan desbocados,
Cual perro de colmillos afilados,
Saturado de acíbares tu suerte.

La rosa roja por tu espalda vierte
Los pétalos caídos, cercenados;
Terrible floración de los pecados
En el surco más largo de la muerte.

Hazaña criminal, acción cobarde,
Los azotes giraron sin reposo
Incendiando horizontes en tu tarde.

A beber de tu sangre me convidas
En el rico verano sustancioso,
Pues me brindas refugio en tus heridas.

Crucificado  I
Las manos y los pies crucificados
Y la risa en los labios sepultada,
Son la flor de tu vida torturada
En el agrio lagar de los malvados.

Tus cabellos están desaliñados;
Hilillos de tu sangre derramada
Descienden de tu pecho a la cascada
Que con saña surtieron más pecados

Tus manos taumaturgas, prisioneras,
De bondad sin ocaso mensajeras
Llevarán para el mundo tu perdón.

Por los siglos avanza tu figura
Con un mar indecible de ternura
Y a los hombres recuerda tu pasión.

El Crucificado II
Estás Señor, clavado en el madero
Formado por dos rudos travesaños
En que logran tus penas los tamaños
Del brazo de paz al mundo  entero.

En todo sufrimiento, Tú, el primero
Victimado de amor por tantos daños
Producidos por propios, por extraños,
Opacado el fulgor de tu lucero.

Y cómo, Salvador, negar mis huellas
En el grave deicidio tumultuoso,
Si en tus clavos relucen todas ellas.

Sólo quiero vivir agradecido,
Expiando con mi llanto mi destrozo,
Y vivir en tus brazos redimidos.

Dar La Vida
Soy pastor al cuidado del rebaño;
Mi cayado se yergue tembloroso
Cuando miro los lobos al acoso
Pretendiendo causarle cualquier daño.

¡Ay, me faltan las fuerzas y el tamaño
Para estar tras el hato sin reposo!
Pero estás tú conmigo, y valeroso
Iré por la verdad contra el engaño.

De la grey soy pastor, no mercenarios;
Las ovejas reclamándome la vida
En el ir y venir del curso diario.

Lanzo los silbos por el aire leve
Por si alguna se aleja y se descuida.
¡Ya mañana vendrá quien me releve!

¿Qué Es Morir?
Es hacer efectiva la esperanza
En brevísimo cambio de ribera.
Es el tiempo dejar en su carrera
Para entrar en la tierna bienandanza.

Es hallar satisfecha la confianza,
Poseer a la vez toda entera
La vida inagotable sin frontera
Y un perpetuo vivir en la bonanza.

Es de Dios la cabal epifanía:
Un mirar a la luz indeficiente
Con el sol en joyante mediodía.
Encontramos con Él en el abrazo
Que envuelve vida suavemente,
Y vivir para siempre en su regazo.