Echar las redes

AYUDAR A UNA MUJER EN PROBLEMAS FUE EL DETONANTE DE MI VOCACIÓN

By 27 abril, 2017 No Comments

Mi nombre es Jesús García Martínez y esta es mi historia vocacional.

Después de desayunar con mis amigos de la Prepa me despedí de ellos y al igual que cada día bajé por la avenida Constituyentes para abordar el metro; fue en la esquina de la calle de Rincón Gallardo donde miré a una mujer sentada en la banqueta llorando. Era mi último año de preparatoria y el interés por la vida hizo acercarme a ella para preguntarle la razón de su llanto. Su respuesta fue – estoy bien, no tengo nada –  se levantó, caminó unos pasos delante mí y juntos subimos el puente.

Me impacté cuando aquella mujer quiso aventarse del puente, miré hacia atrás para ver si alguien más se encontraba, pero estábamos solos. Lo único que exclamé en ese momento fue – ¡No lo haga! – A lo que ella me contestó – ¿Qué sentido tiene la vida? – En mi mente, a mis dieciocho años, lo único que pensé fue en correr, tomarla de la mano y decirle – hay alguien que la está esperando –. La señora me volteó a ver y con su mirada llorosa me dijo –  ¡Déjeme joven! – Pensé en hacerlo, pero dije – ¡No!, hay alguien en su casa que la espera, piense en sus hijos, su esposo, sus nietos –. La señora temblorosa y yo con un miedo palpitante bajamos del puente y nos dirigimos hacia parque Lira, mi intención era tranquilizarla y evitar que se quitara la vida.

Fui a la delegación Miguel Hidalgo, pero nadie quiso ayudarme, me dijeron que no tenía tiempo, que ahí la dejara y que se tranquilizaría. Decidido y con un frío que me recorría todo el cuerpo le pregunté que hacia dónde se dirigía, me contestó – voy al colegio a recoger a mi nieta –.  Me ofrecí para acompañarla, en el camino me contó  sus problemas;  escuché atentamente,  me despedí de ella y la invité a poner sus problemas en manos de Dios.

Todos los jueves, como de costumbre, iba con mis amigos a desayunar, después de tres meses, una señora de pronto se acercó a saludarme, no la reconocí y le pregunté quién era, – soy la señora del puente. No la reconocí de inmediato, pues estaba muy cambiada, platicamos un rato y me dijo –  tenía mucha razón, que Dios sí me escucha –  sus problemas no habían acabado, pero sí disminuyeron. Me preguntó qué estudiaba, le respondí que el último año de prepa, encaminado a estudiar medicina. Ella me preguntó nuevamente, ¿no le gustaría estudiar psicología o bien ser Cura?, de momento esto me causó mucha risa, pues si no puedo con mis problemas menos con los de los demás; ella contestó muy seria – debería de pensarlo.

Este acontecimiento fue el detonante de mi vocación y originó mi interés por entrar al seminario. Actualmente me encuentro cursando el segundo año de filosofía, pido a Dios por aquella señora, que donde quiera que se encuentre, Dios la guíe, la cuide y la proteja, porque su testimonio fue lo que realmente me hizo escuchar la voz de Dios.

José de Jesús García Martínez

2° de Filosofía