Echar las redes

Caminemos con María hasta el monte santo

By 10 septiembre, 2019 No Comments

Todo cristiano guarda una veneración  especial a la Madre de Dios y sabe que su vida de fe no puede estar desprendida de tal amor maternal. Resulta ilógico para los cristianos decir “yo alabo a Dios, pero a María no la venero porque es una mujer como cualquiera de nosotros”. Veneramos a María por ser la Madre de Cristo y, como hijos adoptivos de Dios, debemos amarla como el mismo Jesús; el cual nos la entregó mientras moría en la cruz, pues no quería que tan preciado tesoro se perdiera.

Hablar de María en mi vocación es algo que me causa ternura y resulta esencial para mí.  Ella ha estado conmigo y me alienta a caminar siempre de la mano de su Hijo. Desde muy pequeño sentí cercano su amor. Por eso a veces me atrevo a decir que primero conocí a María y después a Jesús, ya que fue ella  quien me llevó ante el Señor. Mis padres me educaron con esa devoción especial a la Virgen María y a esto podemos sumar el hecho de que mi mamá tenía bajo su cuidado la imagen de la Virgen Dolorosa del templo parroquial. Cada Semana Santa, cuidamos de la efigie en sus procesiones.

Mi devoción a María se acrecentó en un momento fuerte de mi vida. En febrero de 2014 mi mamá falleció a pocos días de que iniciara la Cuaresma. Las pérdidas de los seres queridos son muy dolorosas. En aquel momento, no sabía ni me explicaba el porqué de todo y no quería reclamarle a Dios la muerte de mi mamá, pues sabía que la muerte es la etapa final de nuestro caminar en la tierra; además, estaba seguro de que Dios estaba conmigo, consolándome. En el momento de la Misa de cuerpo presente, al salir con el féretro del templo parroquial, miré la imagen de la Virgen Dolorosa de la que mi mamá estaba a cargo y supe que tenía que acogerme a ella para poder llevar el dolor.

Después de un corto tiempo, mi director espiritual me dio un consejo que aún guardo con mucho cariño: “camina con María al Calvario, así como san Juan; pues él llegó hasta la cumbre porque se acogió a la protección maternal y ella le mostró el corazón abierto de Jesús”. Así pues, comencé a caminar por la senda vocacional junto con María Dolorosa. Gracias a su maternal protección pude avanzar con mi cruz, uniendo mis dolores a los suyos. El dolor por la pérdida de mi mamá se hizo esperanza y así como la Virgen esperó la resurrección de su Hijo, también nosotros como Iglesia, debemos esperar la resurrección de todos. Mientras ese día llega, permanezcamos con María, en oración y bajo su cuidado, haciendo lo que su Hijo nos diga.

Sem. Luis Jesús Aparicio Luciano
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