La vida formativa representa ahora distintos retos, vivir en una parroquia nos hace ver de otra manera nuestros alcances y límites. El trato que tenemos entre nosotros, como hermanos en un mismo caminar ha cambiado bastante, enriqueciendo más nuestras relaciones. Al vivir en pequeñas comunidades de vida nos llegamos a conocer de una forma más cercana.

Así pues, nos hemos hecho conscientes de que la fraternidad se va haciendo día a día, confiando en que nos tenemos el uno al otro. En las tareas diarias: cocinar, hacer deporte, organizar nuestras responsabilidades y demás actividades de la vida en común; valoramos que hay un hermano dispuesto a ayudar.

En la comunidad de San Pedro vamos descubriendo que el servicio no consiste en una agenda llena, ni en el ser importantes a los ojos de los demás. Descubrimos que la formación tampoco consiste en seguir viejos caminos ya trazados o estructuras que funcionan por sí solas y que son poco funcionales; sino que consiste en dejarse llevar por el Espíritu a nuevos caminos, nuevas y mejores maneras de ser presencia y testimonio del Amor misericordioso de aquel que ha dado la vida por nosotros y ha resucitado con nosotros.

Nuestro caminar se va construyendo con la ayuda de un formador y ahora que estamos en esta nueva dinámica de parroquia, tenemos el acompañamiento personal de éste y de un párroco. Esto ha enriquecido nuestro crecimiento, ya que, convivimos de manera muy cercana con el formador y experimentamos lo que será nuestra vida como sacerdotes a ejemplo de Jesucristo Buen Pastor. Así mismo, la convivencia con las personas que vienen a la parroquia nos da mucha vida, ya que, nos alimentan con su testimonio y nos alientan a seguir respondiendo con generosidad.

El área intelectual sigue representando el mismo reto que teníamos al vivir en el Seminario, aunque quizá con un poco menos de tiempo. Quiero destacar que, a pesar de tener la fortuna de ser la comunidad más cercana al Seminario, la variación en la hora de la comida y los tiempos para hacer un poco de deporte fuera de la casa, nos ha disminuido el tiempo para realizar trabajos o estudiar. De esta manera, nos hemos hecho conscientes que el tiempo del que disponemos debe optimizarse para que no tengamos atraso en nuestras responsabilidades.

Aprovecho este espacio para agradecer esta nueva experiencia que nos ayuda a ser más humanos, más cercanos al pueblo de Dios y más entregados a nuestra formación que nos da las herramientas para ser buenos instrumentos de la gracia de Dios.

Pedro Sánchez Acosta

2º de Configuración (Teología)