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CUANDO DIOS LLAMA, NO TE DEJA... - El seminario
Echar las redes

CUANDO DIOS LLAMA, NO TE DEJA…

By 14 diciembre, 2016 No Comments

Todo comenzó cuando tenía siete años, mis padres me llevaron a la parroquia cercana a mi casa (San Pío X) y fue tan grande mi impresión ver celebrar al sacerdote, que dije: “¡Quiero ser sacerdote!”. Fui monaguillo desde pequeño y cada día me iba enamorando del sacerdocio. Conforme iba creciendo, mi deseo aumentaba.

Todo comenzó cuando tenía siete años, mis padres me llevaron a la parroquia cercana a mi casa (San Pío X) y fue tan grande mi impresión ver celebrar al sacerdote, que dije: “¡Quiero ser sacerdote!”. Fui monaguillo desde pequeño y cada día me iba enamorando del sacerdocio. Conforme iba creciendo, mi deseo aumentaba. Al terminar la secundaria manifesté a mis padres mi intención de ingresar al Seminario Menor, pero no me dejaron entrar. Estudié el bachillerato con los Hermanos Maristas, y comencé un proceso para ingresar con ellos. Comenté mi deseo a mi párroco, el P. Xavier Quintana, a quien le tengo mucho agradecimiento; él me dijo: “Cuando Dios te llame, no te dejará…”.

Y así fue, conforme iba avanzando en el proceso vocacional marista, me di cuenta de que efectivamente quería dedicarme a la educación, pero no sólo dentro de las aulas, sino en las comunidades parroquiales. Al terminar el bachillerato, uno de los hermanos maristas se me acercó y me dijo: “¿Estas listo para ingresar?”. Mi respuesta fue: “No, creo que Dios me llama a servir a la Diócesis”, a lo que él me respondió: “Bueno, es el mismo camino… hazle caso a Él”.

No puedo negar que, independientemente de sentirme llamado, fui muy noviero. Quince días antes de ingresar al Seminario, terminé con mi novia; le conté lo que haría, y ella apoyó mi decisión. Así comenzó la aventura. Son siete años que llevo de formación y he vivido muchas experiencias, no sólo dentro del Seminario, sino también en los apostolados, en los encuentros con mis amigos de la preparatoria, y en el INP, compartiendo sonrisas. Pero no todo es miel sobre hojuelas, como se dice coloquialmente, pues, dentro de mi formación he vivido momentos difíciles que me han ayudado a reforzar mi vocación. Somos seres humanos, nos enamoramos, sentimos, y poco a poco vamos conociendo la realidad de nuestra amada Iglesia. Mucho me ha acompañado aquello que dijo mi párroco: “Cuando Dios te llame, no te dejará…”; ha habido momentos en que he estado decidido a dejar el Seminario, pero algo me ha mantenido en este camino; en primer lugar, Dios y tú con tu oración, con los ánimos que nos das, querido lector.

Soy Salvador Romero, tengo 25 años, pertenezco a la IV Vicaría de la Arquidiócesis de México y actualmente estudio mi último año de formación en el Seminario, que prepara para el servicio pastoral a tu comunidad, lugar donde espero responder con generosidad y, sobretodo, poder llevarte a Dios. Te pido que ores mucho por las vocaciones a la vida sacerdotal y religiosa, para que seamos fieles y capaces de darte auténtico testimonio. Pido a la Santísima Virgen, Nuestra Buena Madre, que me permita responder con generosidad a este llamado recibido, con el corazón en la mano: todo a Jesús por María, todo a María para Jesús. Si tú sientes la inquietud de ser sacerdote puedo decirte que ¡VALE LA PENA ENTREGARSE A CRISTO!

Fuente: SIAME