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DE UNA FAMILIA DE MILITARES, DIOS ME ELIGIÓ PARA SER SACERDOTE - El seminario
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DE UNA FAMILIA DE MILITARES, DIOS ME ELIGIÓ PARA SER SACERDOTE

By 26 abril, 2017 No Comments

Mi familia es el lugar en donde he recibido el llamado de Dios, el lugar de donde Dios me ha sacado, donde me ha elegido.

Mi nombre es Víctor Rafael, tengo 27 años y me encuentro en primero de Filosofía. Hoy quiero compartirte mi historia vocacional. Comienzo diciéndote que mi familia es un tanto atípica, pues todos son militares, excepto yo.

No podría explicar mi vocación sin hacer referencia a mis abuelas: Catalina y Gudelia; recuerdo que Catalina, mi abuela paterna, nos llevaba a todos los nietos a Misa de 08:00 horas; unos íbamos más dormidos que otros, pero ninguno podía faltar. Recuerdo también que aquella pobre mujer, todas las noches, se ponía de rodillas ante la Guadalupana para rezar el Rosario y ofrecerlo por sus hijos y nietos.

Por su parte, Gudelia, mi abuela materna, siempre me acompañó con su oración en momentos difíciles. Ahora soy yo quien la acompaña a ella en la oración. Muchas veces he caminado con ella por las calles de su colonia, en las procesiones con el Santísimo.

Sin saberlo, ambas abuelas, cada una por su lado, ha hecho crecer la semilla de mi vocación. Por eso puedo afirmar que la fe de los abuelos es muy importante en la historia de una vocación.

Por otra parte, quienes han dado gran impulso a mi vocación han sido mis padres y mis hermanos. Mis papás tienen 27 años de casados, y en todo ese tiempo han tenido buenos y malos momentos, pero ante todo han sabido amarse.

Mis hermanos y yo hemos crecido como cualquier persona, riendo y llorando, peleándonos y reconciliándonos. Mi familia es el lugar en donde he recibido el llamado de Dios, el lugar de donde Dios me ha sacado, donde me ha elegido.

Ahora les contaré un poco de mí. A los 17 años, aproximadamente, mientras cursaba el tercer semestre del bachillerato, acudí a un retiro de evangelización, junto con mi hermana. Al terminar el primer día del retiro nos invitaron a una velada ante el Santísimo y decidimos quedarnos; esa noche cambió nuestras vidas, pues comenzamos a insertarnos más en la vida de la parroquia, y eso me ayudó a darme cuenta de la gran necesidad que hay de sacerdotes que atiendan a la juventud; también me motivó a dar una respuesta al llamado que sentía; es por ello que, cuando terminé el bachillerato, le expresé a mis padres mi deseo de entrar al seminario. Ellos me pidieron que primero obtuviera un lugar en la universidad, y así lo hice; después me sugirieron que terminara el primer año para “asegurar” mi lugar; pero para entonces yo había decidido concluir la carrera de Contador Público. En el momento no entendí la decisión de mis padres, sino hasta ahora.

Empecé a trabajar en el tercer semestre de la carrera, pero nunca desapareció la inquietud de entrar al seminario. Durante este tiempo conocí al P. Andrés, un gran sacerdote, quien con su testimonio me motivó. Al terminar la carrera trabajé dos años más, hasta que un día me decidí a responderle al Señor, no sabía en dónde ni cómo, pero Dios, por medio de otro sacerdote, el P. Leo, me fue orientando, y me condujo hasta aquí.

Fuente: Siame