Echar las redes

DÍA DE REYES

By 28 enero, 2015 No Comments

¿Quién no recuerda la emoción que sentíamos de niños la noche del 5 de enero, cuando en un globo enviábamos nuestra larga lista de pedido a los Reyes Magos?  ¡Cómo olvidar aquella madrugada del día 6, en la que nos levantábamos más temprano que de costumbre (quizá era el día del año en el que más temprano nos levantábamos) para ver los regalos que los Santos Reyes dejaban bajo el árbol de Navidad o junto al pesebre!

Sin duda esos fueron momentos llenos de alegría, pues veíamos frente a nosotros los juguetes que más deseábamos en esos tiempos. Pero ¿qué ha sucedido? ¿En qué momento dejamos de alegrarnos y emocionarnos por la llegada de la Navidad y del día de Reyes? Podríamos decir que evidentemente esto pasó cuando dejamos de ser niños. Cuando ya no quisimos enviar más nuestro mensaje a los Reyes Magos porque “ya habíamos crecido y éramos grandes”.

No nos vendría mal recordar un poco quiénes son los Reyes Magos para tratar de reanimar al niño que hace tiempo cayó dormido por acostumbrarse a vivir en un mundo donde todo parece tan ordinario. Los Magos de Oriente acudieron al niño Dios guiados por la curiosidad y el asombro que les causaba una estrella, pero no solo por eso, sino también por la fe firme que tenían en el nacimiento de un rey que era su rey, el rey de Reyes. Podríamos hablar de ellos con estas tres cualidades.

Curiosidad.  Es esto lo primero que sintieron Melchor, Gaspar y Baltasar cuando vieron en el cielo un lucero muy distinto a todos los demás del firmamento.  Seguro se preguntaron: ¿qué hace allí una estrella tan hermosa    resplandeciente?  ¿Acaso quiere indicarnos algo?  Y, en efecto, así era.  Los quería conducir hacia una luz aún más deslumbrante que ella. Esta curiosidad es la que los movió a averiguar de lo que se trataba.

Asombro. Al haber indagado y descubierto lo que la señal en el cielo les quería decir, seguro que se asombraron como nunca antes lo habían hecho.  Como todos los hombres, perseguían el sentido de subida.  Buscaban al Dios que les permitía la existencia y en el que descansaba ese sentido que reclamaban. Pero resultaba evidente que ni ellos, ni ningún ser sobre la tierra, podría encontrar a su Señor por sí solo. ¡Asombroso gesto por parte de Dios es el hacerse hombre para venir al encuentro de quienes lo buscan y de
quienes se encuentran desviados!  Asombrados quedaron al saber que el Inalcanzable se hacía en verdad alcanzable para todos los hombres.

La Fe. Los sabios nunca hubieran sentido ni curiosidad ni asombro si no hubieran tenido algo en que esperar.  Algo que buscar para encontrar sentido a sus vidas.  Es la fe la que los mueve a ir en busca del Rey de Reyes después de comprender la acción guiadora de la estrella que con su belleza indicaba el camino hacia la Belleza más grande que nunca antes se había visto en la tierra. Anunciaba la tan esperada llegada del Todopoderoso en un cuerpo totalmente frágil. La auténtica guía que los condujo hasta el humilde portal en el que se encontraba la Mayor Riqueza fue la fe.  Es la luz que les mostró el sendero que los llevaría a saciar su sed de plenitud.

Estas tres actitudes son precisamente las que un niño posee, y las experimenta de manera impresionante en torno a la llegada de los tres reyes. El niño tiene curiosidad por verlos cuando entran a su hogar.  Se asombra al no poder hacerlo, pero al constatar su presencia por los regalos que le han dejado; y todo esto solo lo experimenta por la fe que tiene en ellos. Efectivamente hemos crecido y pareciera que no queda nada de aquel niño que se emocionaba en estas fechas. Pero acaso no dice Jesús que para entrar al Reino de los Cielos tenemos que ser como Niños