Echar las redes

DIOS ME CONFRONTÓ, Y AHORA QUIERO SER SACERDOTE

By 16 agosto, 2016 No Comments

Al ser coordinador de la Pastoral Juvenil tuve la oportunidad de visitar la comunidad monástica llamada Taizé, en Francia; ahí Dios me confrontó conmigo mismo y pude discernir y fortalecer mi respuesta a esta vocación.

Mi nombre es Miguel Ángel González Romero, tengo 23 años, y quiero compartir contigo mi historia vocacional.

Todo comenzó con “algo” que no se encontraba en mi plan de vida. Tenía 12 años cuando empecé a conocer a Dios. Mi familia me propuso que participara en un grupo de monaguillos; al principio no me gustaba, pero me divertía con las travesuras que los chicos hacían, pues desde pequeño he sido muy travieso.

Con el paso del tiempo, me fui enamorando de Dios, y me di cuenta de que los monaguillos no hacían travesuras, sino que el sacerdote –mediante el juego y la convivencia– hacía presente a Dios en nuestra formación; de esta manera nos invitaba a vivir de un modo más intenso el servicio que Dios nos encomendaba. Fue en esa etapa de mi vida donde me di cuenta que lo que yo sentía era muy especial, y que era difícil de explicar porque me gustaba mucho lo que hacía en la parroquia, aunque entonces no le daba tanta importancia.

A mis 16 años tuve la gracia de integrarme y dirigir los grupos juveniles del decanato en la VI Vicaría, a la que pertenezco. Era estudiante de preparatoria y quería hacer la licenciatura en arquitectura, pero esto no lo pude lograr debido a la situación económica familiar, por lo que tuve que estudiar otra cosa.

Pero yo sabía que Dios no me iba a dejar solo. Fui coordinador de los grupos juveniles en la sexta Vicaría, junto con otros jóvenes; ahí, al ponerme al servicio de los demás, nuevamente experimenté aquella sensación inexplicable que tuve cuando era monaguillo.

Gracias a la cercanía con algunos sacerdotes, quienes me animaban a entrar al Seminario, decidí poner más atención a lo que Dios me decía a través de las personas; sin embargo, aún tenía temor de responder, pues me daba miedo dejar todo y entregar completamente mi vida a Dios, así que por el momento mi respuesta fue “no”.

Tomar una decisión tan grande como la de ser sacerdote no solo tiene que ver con tu vida, sino con la de muchos que te rodean; por tal razón, tardé varios años para tomar esta decisión. Al ser coordinador de la Pastoral Juvenil tuve la oportunidad de visitar la comunidad monástica llamada Taizé, en Francia; ahí Dios me confrontó conmigo mismo y pude discernir y fortalecer mi respuesta a esta vocación.

Hoy en día puedo decir que Dios me ha llamado porque nada es suficiente, y que necesita mucho más de mí. Dios me ayuda a encontrar mi camino, y seguro lo hará también contigo. Anímate e inténtalo, las puertas están abiertas para ti.

Fuente: SIAME