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DIOS ME LLAMÓ A TRAVÉS DE LA BELLEZA DEL MUNDO

By 4 abril, 2017 No Comments

“Si escalo el cielo, allí estás Tú; si me acuesto en el abismo, allí te encuentro”. Así proclama el salmista sobre la belleza con que Dios ha dotado al mundo, y fue a través de esa misma belleza como el Señor me llamó a su servicio.

Hola, me llamo Juan Carlos Hernández y soy seminarista de primero de Filosofía. Desde muy niño me he admirado de la belleza del mundo. Pero fue hasta hace unos años cuando comprendí que el mundo es bello porque su Creador es la belleza misma, y porque todo lo ha creado por amor. Esto lo comprendí justo cuando estudiaba el bachillerato en el CCH plantel sur. Yo deseaba continuar mis estudios universitarios, y mi gran sueño era tener un trabajo exitoso, pero como a san Pablo, Cristo me tiró del “caballo” de mi egoísmo.

Empecé entonces a dudar del sentido de mi vida. ¿Para qué estudiar tanto? ¿Qué sentido tenía desear un trabajo? ¿Sólo para tener mucho dinero y realizarme según los parámetros humanos? ¿Ese era todo el sentido de mi vida? entonces caí en un abismo de dudas.

Para ese tiempo yo tenía la falsa y arrogante idea de ser muy sabio, y mi relación con Dios era nula, ya que me concebía como una mente privilegiada que no necesitaba de un Dios. Fue precisamente en medio de esa crisis cuando me di cuenta que el hombre es demasiado limitado como para entender al mundo con su sola razón.

“Somos una gota en el océano del universo”, pensé, y fue esto lo que me hizo comenzar a contemplar con mayor profundidad lo bello que era el cielo, los arboles, la ciudad, la gente con que me encontraba a diario.

“¡Qué inmenso y hermoso es el universo; ahí puedo verte, Dios mío!”, comencé a susurrar en mi interior. Al principio yo mismo quise acallar esa idea, pero mientras más me daba cuenta de cuán bello era todo, el susurro se convertía en un grito que finalmente no pude callar.

Comencé a amar a Dios cada vez con mayor intensidad, pero no sabía qué quería Él de mí. Un día, mientras leía sobre Santo Tomas Moro, martirizado en Inglaterra por defender a la Iglesia, me di cuenta que eso era a lo que Dios llamaba a todos los hombres: “A entregarse a la Iglesia por amor a Él y a toda la humanidad”, pues la Iglesia no es una institución o un edificio material, sino todo el género humano redimido por amor, con la sangre de Cristo. Jesús mismo se ha entregado a la Iglesia, y sin duda esa era mi tarea. Pero ¿cómo debía ser esa entrega?

Como llevaba tiempo asistiendo a Misa, un día el Señor me habló de la manera como lo hace en nuestra vida cotidiana, y viendo celebrar al sacerdote de mi parroquia, entregando su vida en el altar por la Iglesia, lo supe. Dios me llamaba a entregarme a la Iglesia, y lo hacía en el servicio del sacerdocio.

Hoy estoy muy contento formándome día a día, enamorándome más de Dios. Y sobre cómo el Señor ha cambiado mi vida, puedo cantar como el salmista: “Cuando el Señor cambió la suerte de Sión, nos parecía soñar, la boca se nos llenaba de risas”.

Fuente: SIAME