Noticias

Discernimiento presbiteral, la gracia de encontrar a Cristo en el prójimo

By 6 junio, 2019 No Comments

Mírenlo a él y serán iluminados. (Psal. 34, 6)

Querido lector: Quiero compartir contigo mi testimonio en esta etapa en la que hoy me encuentro y que en la formación sacerdotal constituye una experiencia única. Tal etapa, llamada discernimiento presbiteral, consiste, básicamente, en salir un periodo de la casa de formación para reflexionar, delante de Dios y de uno mismo, sobre este camino que ha comenzado años atrás, con el fin de profundizar en los signos que hemos experimentado, y también en aquellos de los que somos portadores, y así confirmar nuestro llamado a servir a través de esta vocación específica.

Lo particular de esta etapa es que se trata también de vivir en carne propia la realidad que experimenta el pueblo de Dios que habita esta ciudad, en nuestra Arquidiócesis. Ya que la figura del sacerdote es la de Jesús mismo, tenemos que hacer nuestras sus actitudes, formarnos como el pastor que camina con su gente, que anda en medio del pueblo y conoce sus necesidades. Así tenemos que escuchar y atender estos signos de los que hablaba.

La figura de Jesús es también la del buen samaritano que ayuda al que lo necesita y consuela a los afligidos, así, los fieles demandan la cercanía de sus pastores y su protección. Esta vivencia es justo la que nos sensibiliza para aceptar este reto en la formación y atender lo que el pueblo de Dios necesita.

Cuando me propusieron vivir dicha experiencia en mi vida, al principio viví incertidumbre y no sabía exactamente qué era lo que debía realizar. La indicación de mis formadores fue la de conseguir un empleo, suspender un año los estudios, vivir durante ese tiempo en casa de mis padres y formarme desde ahí. Pero no dijeron nada más, y yo no cesaba de preguntarme cuál había sido la razón.

El día de hoy puedo compartirte que todo ha cobrado sentido, que estoy satisfecho con este tiempo que Dios, nuestro Señor, ha puesto en mi camino. He comprendido que salir del seminario un tiempo para sacudirme un poco del perfil típico de seminarista y para empaparme de la realidad que vivimos como ciudad y como Iglesia, tiene una fuerte razón de ser. El papa Francisco ha dado las luces; podría decir que de eso se trata ser Iglesia en salida y que va a lasperiferias.

Lo que sucedió a lo largo de este año es una oportunidad extraordinaria. Aprendí mucho, sobre todo al tener la gran responsabilidad de conseguir un trabajo que me ayudara a vivir dignamente como todas las personas. Gracias a esto comprendí que la situación, efectivamente, es difícil, pues no es sencillo conseguir un empleo que alcance a satisfacer las necesidades más básicas, y sin duda fue la oportunidad perfecta para ponerme en los zapatos del otro y dar gracias a Dios porque es providente con todos sus hijos.

En esta etapa de mi formación tuve que recordar constantemente que todo adquiere sentido cuando se ilumina por la fe. A veces, los que nos preparamos para el sacerdocio tenemos al alcance lo más indispensable: estudios, un plato de comida en la mesa y un techo donde dormir. Esta etapa ha servido para hacerme consciente del trabajo y esfuerzo que realiza toda la gente para conseguir eso mismo, siempre honradamente y con el sudor de su frente.

Si de algo estoy convencido, es de que nuestros pastores deben poseer olor a oveja, como lo ha dicho el santo padre, y ese olor se impregna cuando se está en contacto con ellas y caminas a su lado. Solo así eres presencia de Jesucristo en la ciudad del estrés, la desesperanza y la pobreza, que no deja de ser tampoco lugar de expectación.

La rutina de nuestra ciudad hace que parezca difícil tener una vida plena de fe, y mantener una actitud de entrega total a Dios significa un acto de heroísmo. La triste realidad es que muchos viven para trabajar y no trabajan para vivir. Su mente se ocupa en cómo han de resolver aquello que les preocupa en su trabajo, en la familia que deben mantener y en cosas por el estilo.

Sin embargo, mirar sus rostros y alcanzar a leer un rastro de esperanza, es impactante. Eso me ha motivado a prepararme con mayor empeño y dedicación para poder comprender y tener una verdadera actitud de servicio hacia los fieles. Jesús es el pastor que está en medio de nosotros, pero la gente necesita signos y palabras de esperanza, necesita que se les lleve el Evangelio.

A los más desfavorecidos, los que trabajan de sol a sol, los que viven en la tristeza y el dolor, para todos los que buscan un halo de luminosidad, quisiera decirles, como fruto de mi experiencia, que solo Cristo luz del mundo, que ha resucitado, puede dar sosiego y disipar nuestras tinieblas, devolvernos la esperanza y la paz. ¡Solo por él somos iluminados!

Reafirmo el compromiso que adquirí al iniciar mi seguimiento del Señor, ratifico mi deber con la Iglesia y con el pueblo de Dios y hoy, más que nunca, estoy seguro de que tenemos una labor muy grande, y en ella deseo poner todo mi esfuerzo y consagración. Pido a nuestro Señor y a su madre, María Santísima de Guadalupe, que nos fortalezcan para llevar la buena nueva a los oídos que necesitan escuchar la voz de Dios, que resuene por medio de sus pastores, tal como él lo ha mandado. Y deseo que este gozo pascual en el que todavía estamos inmersos llegue hasta los hogares y corazones de cada uno de ustedes y se extienda por el resto del año.

Alejandro Rojas Godínez

Discernimiento Presbiteral