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EL DON DEL SACERDOCIO

By 29 julio, 2015 No Comments

El instante en que los sacerdotes son consagrados, por manos del obispo, es un momento de inmensa alegría pues sabemos que a través de ellos Cristo sigue en medio de nosotros perdonado nuestros pecados y alimentándonos con su cuerpo y con su sangre.

Dios habla en boca del profeta Jeremías y le dice a su pueblo: “les daré pastores según mi corazón, que los apacentarán con ciencia y prudencia.” (Jer 3,15) y esta promesa alcanza una conquista magnifica pues Jesucristo mismo es el cumplimiento vivo, supremo y definitivo de esta promesa. Es el hijo de Dios quien vino al mundo a pastorear de manera perfecta el rebaño, Jesús es el Buen Pastor y los apóstoles, como los obispos y los presbíteros,  son elegidos por Dios y participan de la misión de Cristo. Jesús quiso enviarlos y por él son pastores. Es posible decir que nuestros pastores le prestan su voz y su rostro a Cristo.

El instante en que los sacerdotes son consagrados, por manos del obispo, es un momento de inmensa alegría pues sabemos que a través de ellos Cristo sigue en medio de nosotros perdonado nuestros pecados y alimentándonos con su cuerpo y con su sangre.

La música en nuestra vida
La música ha estado presente en la vida del hombre desde los primeros tiempos de su existencia. Nuestra época no es la excepción, todos nosotros hemos cantado en algún momento, ya sean las Mañanitas, las Golondrinas, el Himno Nacional o algún otro canto. Hoy usamos música para manifestar nuestro amor o para acompañar momentos de fiesta y alegría, también lo hacemos para manifestar nuestra lealtad ante la patria, así, algunas tonadillas nos permiten expresar nuestros sentimientos de manera diferente, sublime y especial.

En nuestra relación con Dios también se involucra la música. Por esta razón, en la mayoría de las parroquias, encontramos un cantor o un coro que nos ayuda a integrar la música en la celebración de nuestra fe. Los cantos que empleamos en misa son oraciones que elevamos a Dios acompañadas de música. Damos gracias a Dios, le pedimos perdón, lo alabamos o le entregamos nuestras ofrendas cantando.

Una “misa sacerdotal”
Con alegría, me dispuse a componer una “misa” con el fin de celebrar el XXV aniversario de ordenación del señor rector de nuestro seminario el Pbro. José Guadalupe Godínez y las ordenaciones de mis hermanos del grupo San Miguel de la Mora. Estos cantos quieren expresar el jubilo de sabernos acompañados por el mismo Cristo a través de sus sacerdotes.

Le llamamos “misa” a los cantos que acompañan la celebración de la eucaristía. En este caso, los textos para estos cantos fueron tomados del Misal Romano en su mayoría, el texto para el canto de ofertorio es de don Gustavo Couttolenc y el canto de comunión es una adaptación de la oración de San Ignacio de Loyola, Alma de Cristo. La dotación de esta “misa” consta de: coro al unísono de voces masculinas, tres trompetas, tres cornos franceses, tuba, campanas tubulares, platos de choque, timbales y órgano.

Componer música para celebrar el Don del sacerdocio es algo más profundo de lo que parece a simple vista, ya que la música, al ser creación del hombre, puede ser una ofrenda de alabanza a Dios.