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EL LLAMADO A LA SANTIDAD DE TODOS LOS CRISTIANOS Y LA FESTIVIDAD DE TODOS LOS SANTOS Y FIELES DIFUNTOS

By 27 octubre, 2015 No Comments

Nuestro hermano Alberto Orozco del Pino se refiere a la relación entre el día de muertos y el Día de Todos los Santos. ¿Sirve de algo encomendarnos a nuestros familiares difuntos?

En el mes de noviembre  nuestro país se llena de altares con papel picado, pan con huesitos y calaveritas de azúcar, celebramos el día de muertos. En las mismas fechas la Iglesia le da la bienvenida al otoño con la fiesta de Todos los Santos y los Fieles Difuntos. Por un tiempo me costó mucho trabajo entender la relación entre estas dos fiestas, la litúrgica y la popular, pero la respuesta a mi pregunta la encontré casi al final del Símbolo de los Apóstoles (también conocido como el credo corto, que leemos en misa durante cuaresma y pascua) donde proclamamos que creemos en la “comunión de los santos”. La idea es muy simple; los santos son los que están en el cielo, estar en el cielo es estar con Dios, Dios está y escucha a todos sus hijos, por lo tanto, los que están con Dios están con nosotros los vivos. Por esto tiene sentido hablarles y pedirles cosas a nuestros seres queridos que ya están con Dios.

Hay personas que murieron y la Iglesia afirma sin reparo que están con Dios, a estas personas las denominamos santos, como San Ignacio, San Francisco, San Juan Diego, Santa Rita, Santa Rosa, Santa Lucia, etc. La Iglesia los proclama santos pues tenemos evidencia de que interceden por los vivos ante Dios, que Dios ha concedido milagros por su intercesión, además de que su vida es ejemplar como camino en el seguimiento de Jesús. Por otra parte, sumado a los santos comúnmente conocidos hay miles de millones de personas que han muerto y que por la infinita misericordia de Dios están con Él, son salvos, están en el cielo y gozan de la misma plena comunión con Dios que cualquier otro que esté en el cielo.

Jesús vino al mundo a salvar a todos los hombres, y ser cristiano es aceptar este llamado a ser salvado, a ir al cielo, a ser santo. No todos tenemos el llamado, ni la necesidad, de llegar a ser un santo famoso, pero todos tenemos el llamado a la santidad, todos estamos llamados a llegar a cielo. “Dios no envió a su hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por Él” (Jn 3,17) y es el gusto de todos los bautizados poder contestar ese llamado.

Al ser bautizados nos cristificamos, nos convertimos en parte del cuerpo místico de Cristo, nos volvemos parte de la Iglesia, a la que también están unidos los santos por su plena comunión con Dios. Los santos que caminamos al cielo y los que ya están en común unión en Cristo formamos la comunión de los santos con Dios en su Iglesia.

Después de toda esta explicación concluyo que no está mal decir que los muertos nos escuchan y visitan en el día de muertos, pues son nuestros santos que por gracia y unión con Dios se hacen presentes en nuestra casa, por obra del amor misericordioso de Dios. Como Iglesia peregrina nos unimos a la Iglesia purgante y triunfante  al celebrar el día de los todos los santos y fieles difuntos. Damos testimonio de nuestra fe en un Iglesia Santa y en comunión por y con la Gracia de Dios(CEC 946-962). «Porque para los que creemos en Cristo la vida se transforma no se acaba y disuelta nuestra morada terrenal se nos prepara una mansión eterna en el Cielo»(Prefacio de Difuntos I).

Alberto Orozco del Pino 4º Teología