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EL MISTERIOSO LLAMADO DE DIOS: DIOS ME LLAMÓ A SER SACERDOTE POR MEDIO DE UN “PAYASO”

By 29 diciembre, 2015 No Comments

Testimonio vocacional de Víctor Valero Díaz, alumno del Seminario Conciliar de México. Yo nunca pensé estar en el Seminario, sin embargo, fue el testimonio encarnado de un payaso rdquo el que me fue enganchando.

Parece que fue ayer cuando descubrí que Dios realmente me hacía la invitación a seguirlo. Cuando escucho el testimonio vocacional de mis amigos, logro descubrir que Dios se vale de todos los medios posibles para decirte: “sígueme”.  Yo nunca pensé estar en el Seminario, sin embargo, fue el testimonio encarnado de un “payaso” el que me fue enganchando.

Mi nombre es Víctor Valero Díaz, provengo de la I Vicaría, de la Parroquia de Nuestra Señora de Fátima, en la colonia pro-hogar. Un día, el Pbro. Jorge A. Moreno Cruz, me invitó a un encuentro arquidiocesano de monaguillos; estaba indeciso de asistir porque ese tipo de actividades eran en lugares lejanos, curiosamente era en el Seminario Conciliar de México. Ante la insistencia del P. Jorge por acompañarlo, decidí ir, y ¡vaya que valió la pena!

Llegando al evento, fuimos los primeros en pasar al escenario; yo pensaba que iba a compartir su testimonio como sacerdote para animar a los niños en la vocación sacerdotal. Mi gran sorpresa fue que mientras comenzó a hablar con los pequeños se iba transformando. Esa imagen fría, rígida e inclusive acartonada que tenía del sacerdocio se fue desvaneciendo, dando lugar a un payaso, que no sólo compartía su pasión por la vida, sino que además era una persona alegre, configurada con Cristo. Fue en ese momento que el Señor me miró, y como a Mateo, me cautivó invitándome a vivir lo mismo: llevar la alegría a los más pequeños, a impulsar una vocación, que si bien se había gestado en el continuo servicio del altar durante mi infancia, ahora reclamaba una respuesta.

Pasé semanas pensando en lo que significó para mí ese momento, cada vez que iba al CCH-Azcapotzalco, cada vez que me encontraba solo, e inclusive con mis amigos y familiares, me preguntaba ¿qué es la felicidad? Y encontré repuesta donde menos lo imaginé.

Un día, al acompañar a aquel “payaso” a visitar enfermos, pude percatarme de que la felicidad está en compartir la alegría de la vida a manera de Cristo, e inclusive con los que sufren, llevándoles tu propia vida, ofreciéndoles una sincera escucha, consolándoles en sus padecimientos.

Si me preguntaran hoy ‘¿qué es lo que me cautiva del sacerdocio?’, sin lugar a dudas contestaría que el prolongar la vida de Cristo en la tierra, pero de una manera sencilla, cercana y sobre todo alegre. Creo fielmente que el testimonio, tanto de un seminarista como de un presbítero, pero más aún de toda la Iglesia, es el poder contagiar la felicidad, la emoción y la pasión de seguir a Cristo.

Actualmente me encuentro cursando el primer año de Filosofía en casa Tlalpan, quiero decir que este camino comenzado dos años atrás, no ha sido fácil, pero tengo la certeza de que con la oración del Pueblo de Dios, con el apoyo de mi familia y amigos, el Señor llevará a buen término este camino emprendido. Ahora lo que nos toca realizar es formarnos en la alegría del Señor.

Fuente: SIAME