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El problema del mal en san Agustín

By 27 agosto, 2020 No Comments

 

El problema del mal en san Agustín

 

El mal siempre ha sido un interrogante: ¿Por qué existe el mal? ¿Por qué Dios permite el mal? ¿Cuál es la esencia del mal? San Agustín, padre y doctor de la Iglesia del siglo IV, se responderá esta interrogante a lo largo de toda su vida y será a la luz de la verdad cuando logre encontrar la respuesta. ¿El mal es una realidad creada o una realidad generada por la libertad del hombre? La sabiduría de Dios es la autora de la creación y todo lo que de ella se desprende es bueno. “Todas las naturalezas, hechas y creadas por Dios, ordenadas según los grados del ser desde las supremas hasta las infinitas, son buenas todas” (AGUSTÍN De Hipona. Obras completas. Réplica a la carta llamada «del Fundamento». España. Católica. Tomo XXX. 1986. p. 424). Por tanto, si la creación es buena, el mal que brota de ella es una corrupción de la naturaleza.

Surge entonces la pregunta: si toda la creación es buena, ¿cuál es el origen del mal? En el séptimo libro de las Confesiones, san Agustín hace una distinción importante: si Dios creó todo lo bueno, eso bueno tiene la posibilidad de ser corruptible. Al hablar entonces de corruptible, se establece de manera inmediata una diferencia entre dicho concepto y el concepto de corrupto: corruptible significa que se tiene la posibilidad de ser corrompido, pero algo ya corrompido es malo. Por lo tanto, Dios creó bienes corruptibles, pero no hizo nada malo, ya que las cosas que él hizo buenas pueden llegar a ser malas: “Obramos el mal porque lo escogemos por nuestra libre voluntad, y lo padecemos porque tu justicia así lo manda rectamente” (AGUSTÍN De Hipona. Confesiones. España. Brontes. Libro VII. 2013. p. 82-83).

Así pues, la corrupción del hombre no reside en la voluntad o el querer divino; para san Agustín, el individuo decide, a través de su libertad y voluntad, ir en contra de su propia naturaleza al optar por el mal.  “Los males de los hombres tienen su origen en la voluntad mala del hombre, cuya naturaleza, como sabemos, era buena antes de existir esta mala voluntad” (AGUSTÍN De Hipona. Obras completas de San Agustín. Replica a Juliano. España. Católica. Tomo XXXVII. 1985. p. 318-319). El mal es una privación de la medida y forma que Dios ha impuesto en el hombre desde la creación, es lo que va en contra de su mismo ser. “El mal es la falta de medida, de especie o forma, y de orden” (JOSÉ Orozco Reta-JOSÉ Antonio Galindo Rodrigo. El pensamiento de San Agustín para el hombre de hoy. España. Cultural y Espiritual Popular. Tomo III. 1998. p. 46).

Es necesario para el hombre educar el libre albedrío, hacer conciencia sobre el gran don de la libertad que puede engrandecerlo en toda su dignidad o degradarlo hasta deshumanizarlo. “Si el hombre en sí es un bien y no puede obrar rectamente sino cuando quiere, siguiese que por necesidad ha de gozar de libre albedrío, sin el cual no se concibe que pueda obrar rectamente” (AGUSTÍN De Hipona. Obras de San Agustín III. Obras Filosóficas. Del libre albedrío. España. Biblioteca de Autores Cristianos. 1947. p. 248-249).

El diseño de bondad lo encontramos retratado en Cristo, que se ha hecho hombre para enseñarnos a ser verdaderamente hombres. En muchas ocasiones Jesús va a explicar a sus discípulos que el mal se encuentra en el corazón del hombre. “Jesús, conociendo sus pensamientos, dijo: ¿Por qué pensáis mal en vuestros corazones?” (Mt 9, 4). No existen personas completamente buenas o malas, como lo pensaba erróneamente el maniqueísmo. El hombre es bueno por naturaleza desde la creación (Gn 1, 31) y por el don de la libertad que Dios le ha concedido puede ir en contra del designio de Dios y cosechar el mal en su corazón. En cada acción que realizamos podemos escoger el bien y asemejarnos más a Cristo o ir en contra de nuestra naturaleza escogiendo el mal en nuestra vida.

 

Pedro Sánchez Acosta

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