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EL TESTIMONIO DE UN SACERDOTE QUE HABÍA DEJADO TODO, ALENTÓ MI VOCACIÓN

By 14 diciembre, 2016 No Comments

Desde muy pequeño frecuentaba mi parroquia de origen, aunque era el único de mi familia que asistía a la iglesia, por lo que me costó mucho trabajo seguir perseverando. Tiempo después comprendí que mi familia realmente me había dado un gran testimonio, y eso alentó mi vocación. Mi familia siempre ha sido muy importante para seguir adelante en mis proyectos, y ahora están también conmigo en este proyecto de Dios.

Mi nombre es César Augusto Garibaldi Peláez, y la mejor amistad, es decir, la de Jesús, fue la que me llevó a abandonar mi zona de confort, pero con la garantía de que jamás me soltaría de su mano. Estudiando la universidad, el Señor me puso pruebas difíciles. Tenía sólo 19 años, estaba en el segundo semestre en la licenciatura en Filosofía, pero me sentía insatisfecho; tenía una incertidumbre por seguir sirviéndole a Jesús, pero más de lleno.

Desde muy pequeño frecuentaba mi parroquia de origen, aunque era el único de mi familia que asistía a la iglesia, por lo que me costó mucho trabajo seguir perseverando. Tiempo después comprendí que mi familia realmente me había dado un gran testimonio, y eso alentó mi vocación. Mi familia siempre ha sido muy importante para seguir adelante en mis proyectos, y ahora están también conmigo en este proyecto de Dios.

A pesar de que siempre estuve en un ambiente de iglesia, nunca me sentí llamado al sacerdocio; en realidad me gustaba la idea de formar una familia. Pero el gran testimonio, ejemplo y amistad de un sacerdote que llegó como vicario a mi parroquia, despertó en mí un llamado a la vida sacerdotal, que no fue fácil de entender.

El ejemplo de ese sacerdote me impactaba por que él había dejado su país de origen, su familia, y todo por anunciar la alegría del Evangelio. Aunque su estancia en mi parroquia fue muy breve, dejó una pequeña señal de vocación sacerdotal en mi persona. A pesar de estar en distintos países, él siguió alentando mi vocación, a la cual le di una respuesta después de cinco años, cuando decidí ingresar al seminario.

No fue fácil dar “mi brazo a torcer” pero el Señor fue muy paciente; hoy por hoy sigo sin comprender por qué me escogió a mí, y tal vez nunca lo sabré. Lo que sí puedo asegurar es que de su mano nunca me ha soltado, tanto que, muy joven, me ayudó a enfrentar la prueba más grande que fue dejar a mi familia, mi ciudad de origen, a mis amigos y familiares; todo por seguir mi vocación.

El seguir a Jesús es muy difícil, pero tomado de su mano todo se hace más fácil. Actualmente estudio en el Seminario Conciliar de México y me encomiendo a sus oraciones.

Fuente: SIAME