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EN EL SEMINARIO NO ES ‘PURA REZADERA’, COMO DECÍA MI PAPÁ

By 24 abril, 2016 No Comments

Testimonio vocacional de Luis Daniel Ruiz Martínez, alumno del Seminario Conciliar de México. “Un día fue un seminarista a platicarnos su proceso vocacional. Lo primero que pensé es que era muy aburrido estudiar para ser sacerdote”.

Mi nombre es Luis Daniel Ruiz Martínez, y curso el primer grado de Preparatoria en el Seminario Conciliar de México (Casa Huipulco). Les voy a contar con mucho gusto mi proceso vocacional: vengo de una familia católica, con quien iba Misa desde pequeño en una iglesia del Estado de México. Ahí me surgió la curiosidad por hacer mi Primera Comunión y el amor a la Eucaristía.

Tenía diez años cuando me cambié de casa porque a mi papá le queda muy lejos su trabajo. Fue así como llegué a la delegación Iztapalapa de la Ciudad de México. La parroquia estaba muy cerca, por lo que mis papás me inscribieron, junto con mi hermana, al catecismo y al coro de la iglesia.

Un día fue un seminarista a platicarnos su proceso vocacional. Lo primero que pensé es que era muy aburrido estudiar para ser sacerdote; además, no iba a tener hijos, y eso para mí era un sueño. Tiempo después, acompañé a mi mamá a orar ante el Santísimo Sacramento, y cuando el sacerdote estaba dando la bendición con Él, en mi interior sentía el deseo de ser como aquel padre. Al salir de la parroquia, le comenté a mi mamá que quería ser sacerdote. Ella se quedó sorprendida, pues siempre le había dicho que mi vocación era ser bombero. Mi madre me dijo que no comentara nada hasta que estuviera convencido.

Fue en la secundaria cuando de nuevo me entró la inquietud. Se lo comenté a mis padres, pero mi papá me dijo que mejor estudiara otra cosa. Días después me informó que me metería al Colegio Militar. Yo me negué, incluso, le dije que si me inscribía me iba a portar mal hasta que me expulsaran de ese lugar. Le dije firmemente: “Estaré mejor en el seminario”, y no me dijo nada.

Terminé la secundaria e ingresé a la preparatoria en el Unitec. Estaba por iniciar el segundo cuatrimestre cuando les dije a mis papás que quería abandonar la escuela para ingresar al seminario. Mi mamá y mi abuela me apoyaron, pero mi papá no. Me dijo que no quería que entrara porque ahí era “pura rezadera”.

Por esos días hubo un encuentro de jóvenes en el Seminario Menor y convencí a mi papá de que me acompañara. Ya en las instalaciones, mi papá me dijo que me diera una vuelta para ver lo que los chicos estaban haciendo, pero no le hice caso, fui directamente a pedir informes sobre cómo entrar y lo que tenía que hacer. Cuando le comenté a mi papá, se molestó mucho y me regañó.

En casa, le platiqué a mi mamá y ella tranquilizó a mi papá. Sin embargo, él pensaba que jamás me buscarían del seminario, pero a la semana siguiente recibí una llamada telefónica para que me presentara. En varias ocasiones llevé a mi mamá al seminario, hasta que por fin convencí a mi papá. En aquella ocasión le explicaron todo lo que hacíamos y le gustó.

Poco a poco mi papá ha ido cambiando su idea sobre la preparación sacerdotal. Incluso, hace poco me pidió disculpas, y me dijo que me apoyaría, pues en el fondo, se sentía orgulloso de la decisión que había tomado.

Fuente: SIAME