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FIESTAS DECEMBRINAS - El seminario
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FIESTAS DECEMBRINAS

By 2 diciembre, 2015 No Comments

El Pbro. Luis Eduardo Vite Ramírez nos transmite la importancia y significado de la Navidad y la celebración a Nuestra Señora de Guadalupe.

Para nosotros los que celebramos la fe cristiana en la Iglesia,  el mes de diciembre tiene un tinte festivo por el significado salvífico. En orden de importancia, hacemos referencia, primero, a la Navidad. La encarnación del Hijo de Dios por obra del Espíritu Santo y su nacimiento en medio de la humanidad, expresa el gesto misericordioso de quien nos ha creado al hacerse Él mismo hombre. De esta manera, Dios vive la realidad de cada uno de nosotros en las alegrías y en las penas de forma absoluta y, al mismo tiempo, el hombre se ve elevado en su dignidad ya que cada uno refleja su ser como hijo de Dios en su Primogenito. Este hecho, junto con la Pascua, implica que se viva ya la plenitud de los tiempos dentro de la historia, y nos llama a encaminarnos a la consumación de los tiempos cuando Nuestro Señor Jesucristo venga por segunda vez para convocarnos a la gloria eterna. Ésta es una razón más que sobrada por la cual la Navidad la celebramos en la esperanza y en la alegría.

En segundo lugar, hacemos referencia a la solemnidad de Nuestra Señora de Guadalupe. Su aparición en nuestro país, México, en el mes de diciembre del año 1531, trajo consigo también la esperanza a un pueblo que en ese momento se dirigía a un estado de agonía. En un primer momento, el descubrimiento del Nuevo Mundo daba oportunidad a que se extendiera la fe cumpliendo con el mandato misionero de Nuestro Señor Jesucristo en orden a la salvación, gozando, al mismo tiempo, de la pertenencia a la Iglesia. No obstante, los que vivían alejados de esta misma fe en la práctica heridos por el pecado, dispusieron sus acciones hacia la injusticia, el abuso y la violencia, lo que, a su vez, llevaba a la muerte. Por tanto, entre otras cosas, parecía desfallecer la fuerza de los misioneros y el entusiasmo de los recién evangelizados. De manera que Nuestra Madre, la Virgen María de Guadalupe, fue, y sigue siendo, la portadora de ese mensaje de salvación de su Hijo Jesucristo, cumpliendo así, en primerísimo lugar en nuestras tierras y en actitud maternal, con la misión de la Iglesia.

Otra razón más que sobrada por la que celebramos la presencia de Nuestra Señora de Guadalupe en la esperanza y en la alegría. Hoy, en la conciencia del pueblo de Dios, Sacerdotes, seminaristas y de todos los demás bautizados, debe permanecer esta realidad salvífica que nos ha otorgado Nuestro Señor Jesucristo y nos ha recordado continuamente la presencia de Nuestra Señora de Guadalupe, porque nuestro País y nuestra ciudad de México requieren de la acción de la Iglesia, caridad y misericordia, frente al tiempo que nos ha tocado vivir, para fortalecer la fe y la esperanza en Dios y para que en cada uno y en sociedad se disponga la justicia, la paz y el bien común, sobre todo para el bienestar de los más pobres y desfavorecidos, siendo éstos los predilectos de Nuestros Señor Jesucristo. Que la alegría suscitada por el Espíritu Santo en este mes festivo de fin de año, habite en todos nosotros hoy y siempre.

Así sea.