Echar las redes

FUE PARTE DE UNA BANDA DE “CHOLOS”, HOY QUIERE SER SACERDOTE Y ESTUDIA TEOLOGÍA.

By 18 noviembre, 2015 No Comments

Testimonio vocacional de Marco Antonio Ramírez: Mi gran sueño era ser un abogado y ayudar a mucha gente. Por otro lado, mis padres se enfrentaban con el obstáculo de no poder sostener mis estudios, sin embargo, eso yo no lo entendía y siempre discutía con ellos.

Marco Antonio Ramírez Chávez estudia Teología en el Seminario Conciliar de México, y en este número comparte con nosotros cómo recibió el misterioso llamado de Dios.

Marco Antonio Ramírez Chávez estudia Teología en el Seminario Conciliar de México, y en este número comparte con nosotros cómo recibió el misterioso llamado de Dios.

Soy seminarista del tercer año de Teología. Nací en el Distrito Federal. A la edad de seis años mis padres decidieron llevarnos a vivir al Estado de México. Vivíamos en un pueblito donde las posibilidades de estudiar eran muy pocas. Teníamos que trasladarnos más de tres kilómetros para llegar a la escuela por caminos bastante difíciles.

Siempre me gustó la escuela, estudiar era algo que disfrutaba, pues aprendía cosas extraordinarias que echaban a volar mi imaginación. Mi gran sueño era ser un abogado y ayudar a mucha gente. Por otro lado, mis padres se enfrentaban con el obstáculo de no poder sostener mis estudios, sin embargo, eso yo no lo entendía y siempre discutía con ellos. La vida en la familia fue algo difícil, pues mi padre pensaba que para educar debía hacerse a golpes. A la edad de 13 años decidí abandonar mi hogar en busca de una situación mejor.

La vida en el campo era más lenta, menos gente, otra manera de pensar, etc., la de la ciudad era muy distinta. Después mi hermana mayor se hizo cargo de mí. Era tan poco lo que teníamos, que los primeros meses fueron de mucho sufrimiento, entre rentas, comidas, pasajes, etc., mi hermana y yo solos luchando en el mundo.

Por supuesto que mi hermana me llevaba a Misa. Al principio iba obligado porque si no asistía (y de buena gana) ella no me compraba lo que quería. Poco a poco Dios me fue enamorando de la Misa y lo hizo a través del coro, sentía que los cantos me hacían platicar con Dios. En la Parroquia de San Pedro Apóstol, en la colonia Ruiz Cortines Coyoacán, hice grades amigos y aprendí a amar a Dios.

Tuve que enfrentar una fuerte crisis en mi adolescencia, y ésta hizo que entrara en una banda de “cholos” en la que perdí todo sentido de la realidad, la escuela, el cariño a mi hermana. Gracias al plan de Dios sobre mi vida, pude salir adelante.
Pronto comencé a preguntarme por el sentido de mi vida, y aquí es donde Dios entró con mayor fuerza. Fue en una Hora Santa en la que Cristo-Eucaristía me hizo sentir su gran amor. Había encontrado un gran tesoro y quería conocerlo más de cerca. Dios me llamó a ser un buen cristiano.

El llamado al sacerdocio lo experimenté como una inquietud que al principio me dio miedo, pero que no se apartaba de mí. Inicié un proceso vocacional para discernir si Dios me llamaba a la vida sacerdotal o no. Lo que descubrí es que Él nunca estuvo lejos de mí, y que de muchas maneras me ayudó para entrar al Seminario Conciliar de México.

Quiero responder con todas la fuerzas de mi corazón a este don de la vocación, y ayudado de la divina gracia, servir a mi Iglesia, a quien amo tanto, porque en ella encuentro a Cristo, el sentido de mi vida y a quien quiero anunciar con alegría.

Fuente: SIAME