Echar las redes

Historia vocacional

By 16 julio, 2019 No Comments

Mi primer acercamiento a la vida de fe se dio de una forma muy sencilla.

Cuando tenía cinco años asistía a misa junto con mi familia a la capilla de san Judas Tadeo, que se encuentra en la unidad habitacional donde vivimos. Todos los domingos hay misa dominical, en aquellos años se encontraba un coro que animaba la celebración y a mí me gustaba el canto y la música. Por tanto, yo me unía al coro aunque no fuera muy afinado.

A los ocho años de edad realicé mi primera comunión, con la preparación previa para el sacramento. La catequista que nos daba esta formación inicial, Alejandra, falleció al poco tiempo que yo había recibido al Señor en el sacramento de la Eucaristía. Alejandra era una chica muy entusiasta y convencida de lo que nos hablaba, especialmente de la vida cristiana, y a mí me llamaba mucho la atención, ya que se notaba su fe en Dios.

Tiempo después decidí entrar al grupo de monaguillos en la parroquia de origen Nuestra Señora de los Dolores del barrio Xaltocan, pero mi deseo no era propiamente el servicio al altar, sino una bolsa de dulces que el padre encargado del grupo daba como gratificación, aunque después eso fue secundario.

Cuando me encontraba en la etapa de la secundaria, no tenía mucho interés en mis estudios, ya no entraba a la escuela, me juntaba con chicos un poco más grandes que yo y eso me tenía más confundido.Por ese entonces, pues, decidí abandonar la escuela y me puse a trabajar en el mercado de Xochimilco, pero fue poco tiempo. También durante ese lapso dejé el grupo de monaguillos. Uno de los padres de la parroquia platicó conmigo, me compartió su experiencia de vida y al final de la conversación me dijo: “Dios nos llama sin importar nuestra historia y quiere algo bueno para cada uno de nosotros”.

Su testimonio y el de otros sacerdotes me impulsaron a tener inquietud por entrar al seminario. Un domingo llegué a casa de mamá, después de la entrevista que tuve con el promotor vocacional, y expresé que tenía inquietud de ingresar al seminario. Mi mamá solo me dijo: con eso no se juega. Ella me dio esa respuesta, era todo muy sencillo, ya que era inquieto, rebelde, necio y flojo. Insistiendo mucho, mi mamá finalmente accedió en apoyarme y entre al seminario menor en el año 2006.

Realicé los estudios de preparatoria y el curso introductorio, pero en el año 2010 decidí salir de la formación, pues tenía la inquietud de trabajar y arreglar asuntos personales. Para 2011 retomé la formación y me integré a 1° de Filosofía. Actualmente, me encuentro siendo diácono transitorio de la Arquidiócesis Primada de México, en espera de recibir en un año el presbiterado.

Con los años dentro de la formación fui clarificando mis ideas entorno a esta vida de servicio, ya que he tenido varias luces para continuar con mi proceso y entender que es una respuesta generosa, pero también consta de un compromiso personal, no solo conmigo sino con la Iglesia. Agradezco a todo el Pueblo de Dios, porque gracias a ustedes me pude formar y caminar juntos hacia Jesucristo.

Antonio de Jesús Núñez Bernal
Diácono Transitorio