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HUBO UNA GRAN LUCHA EN MI INTERIOR, PERO AL FINAL GANÓ EL LLAMADO DE DIOS - El seminario
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HUBO UNA GRAN LUCHA EN MI INTERIOR, PERO AL FINAL GANÓ EL LLAMADO DE DIOS

By 11 abril, 2017 No Comments

Los padres de la Sociedad Hermanos de Jesús me motivaban a no ignorar la llamada de Dios, pero debo confesar que sentía miedo porque no sabía a lo que me enfrentaría.

Hola, mi nombre es Luis Roberto Hernández Cruz, tengo 28 años, soy de la Parroquia de San José de Gracia, en la VIII Vicaría, y actualmente estudio el primer año de Filosofía en el Seminario Conciliar de México.

Mi historia vocacional se remonta a mi infancia, donde mis papás tuvieron la preocupación por educarme en la fe. En efecto, aún recuerdo con cariño las noches en las que, antes de dormir, mi papá me leía la Biblia. Durante la primaria, el rezar el Santo Rosario todas las noches fue una práctica común en mi familia. Dicha práctica arraigó en mí el hábito de la oración, lo que fue descubriendo la relación con Dios en mi vida cotidiana y en la comunidad parroquial. Aún recuerdo el ansia que me provocaba el deseo de que ya llegara el fin de semana para poder ir a la Catequesis.

El llamado de Dios empezó a tomar forma a los nueve años cuando el P. Alfredo Luna me invitó a ser monaguillo de la Capilla de Jesús el Buen Pastor. Esta invitación me llenó de alegría porque yo me sentía llamado a servir a Dios en la Misa; éste fue el primer contacto con la llamada vocacional. En efecto, en el sacerdote encontré una figura digna de admiración, me fascinaba la forma de ser de los sacerdotes y de los hermanos, la facilidad con que sus palabras se identificaban con mi conciencia, tanto que hasta pensaba que me hablaban directamente. Y aunque algunas veces recibí buenos regaños de parte de ellos, siempre me esforcé por atenderlos y poder ser su amigo. Los padres de la Sociedad Hermanos de Jesús me motivaban a no ignorar la llamada de Dios, pero debo confesar que sentía miedo porque no sabía a lo que me enfrentaría.

Cuando estudiaba en la Prepa 5, el P. Noé López me invitó a formar parte del grupo juvenil, lo que, a lo largo de diez grandiosos años, configuró mi corazón para poder dar el sí al Señor. Durante este tiempo aprendí muchas cosas con respecto al llamado que Dios me hacía en la vocación al sacerdocio. Estoy muy agradecido con el grupo juvenil, pues no sólo me sirvió para encontrarme con Jesús de manera concreta, sino que también me brindó grandes amistades que hasta el día de hoy van madurando.

Pero la decisión no fue sencilla, pues era necesario que mi vocación madurara bajo el crisol del tiempo. Me sentía muy confundido, el miedo no se retiraba, y mi corazón me lastimaba, porque sentía la lucha que generaba la llamada de Dios contra mi interés de casarme y tener hijos.

Hoy entiendo, después de haber hecho una carrera profesional y enfrentarme al vacío existencial, que no hay nada mejor que entregarle la vida a Dios. Ya que Él sabe la mejor manera de hacernos felices, y para ello es necesario entregarle la vida, porque para hacer la obra de Jesús, es necesario ser Jesús. Me encomiendo a tu oración.

Fuente: SIAME