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La Asunción de María, imagen a la que aspira la Iglesia Militante

By 6 agosto, 2019 No Comments

La Asunción de María, imagen a la que aspira la Iglesia Militante

En agosto la Iglesia celebra la Solemnidad de la Asunción de María; en ella festejamos el triunfo de la Madre de Dios sobre la muerte por la intervención directa de su Hijo Jesucristo. Ella, la llena de Gracia, no mereció la corrupción del sepulcro, sino que, llegando el término de su vida, fue elevada en cuerpo y alma a la gloria de Dios; así lo plasmó el Magisterio de la Iglesia en la constitución apostólica Muificentissimus Deus (Dios Benevolísimo) promulgada por Pio XII el 1 de noviembre de 1950.

Ya la primitiva cristiandad, tenían una veneración especial a la Madre de Dios y hablaban de su Asunción Gloriosa a los cielos.

Esa verdad de fe, no se perdió con el tiempo, sino que ha perdurado hasta nuestros días, por eso los obispos quisieron proclamarla tal y como el pueblo de Dios ya lo hacía con devoción y piedad. Este Dogma de Fe, no es una ocurrencia, como algunos dicen, sino algo que la razón no alcanza a explicar por sí misma, sólo la fe. Y ¿qué es eso que la razón no puede explicar? El gran amor que Dios tiene a la humanidad, ese amor especial que también incluso le tiene a María, sin embargo, la Biblia no tiene pasajes que hablen de este hecho, sólo textos apócrifos lo relatan. Aun así, se puede sustentar este misterio a través de varios pasajes bíblicos.

En el Antiguo Testamento, se lee en el Éxodo, Honra a tu padre y a tu madre, para que vivas largos años sobre la tierra que te ha de dar el Señor Dios tuyo (Ex 20,12)”. En otro pasaje del Nuevo Testamento, se lee en el Evangelio de Lucas, “Y habiendo entrado el ángel a donde estaba María, le Dijo: Dios te Salve ¡Oh llena de gracia! El Señor es contigo, bendita tú eres entre las mujeres (Lc 1,28)”. En otro más dice, “pero Jesús respondió: bienaventurados todavía más los que escuchan la palabra y la ponen en práctica (Lc 11, 28)”.

En cuanto al primer pasaje, Dios que ha mandado a los hombres el cuidado de sus padres, al encarnarse, no abroga esa ley, sino que le da plenitud, al tener una mamá, la honra como él lo había ordenado a su pueblo, la ama y respeta, pues ella, con su repuesta al ángel, había contribuido a ese plan de salvación. En cuanto al segundo pasaje, el ángel la reconoce como la mujer que no tiene pecado, la que tiene la gracia del Señor en virtud de los méritos de su Hijo. En el tercer pasaje, el mismo Jesús ensalza a su madre, de manera discreta, pues, no sólo es santa por concebirlo, también por escuchar la palabra y ser mujer practicante de los mandatos de Dios.

Con la escucha y práctica de la palabra de Dios, ella conservó su santidad y pureza inmaculada.

Así la Iglesia, debe imitar a María, la hija fiel a Dios, que encarna en su vida la Palabra Divina. Hagámosle caso cuando ella nos diga: “Hagan lo que Él les dice (Jn 2, 5)” y como files hijos de Dios, meditemos la palabra en nuestro corazón a fin de escucharla y ponerla en práctica. “Dios es nuestra esperanza”.

Luis Jesús Aparicio Luciano

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