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La cultura del encuentro, más que el pretexto para reunirse es la reunión sin pretextos.

By 5 mayo, 2019 No Comments

La cultura del encuentro es un término que ya desde hace tiempo escuchamos con frecuencia y que podemos ubicarlo como de los favoritos dentro del vocabulario del Papa Francisco. Esta pascua es el tiempo perfecto para comprobar de qué se trata.

Puede ser que lo hemos escuchado bastante y nos suene familiar, es posible que lo apoyemos y que tratemos de vivirlo como el Santo Padre lo ha pedido, pero, ¿a qué cosa se refiere precisamente crear una cultura del encuentro? Nos encontramos frente a una cosa tan sencilla que puede perder su preciado valor dentro del panorama de la iglesia actual.

Tal como él mismo lo explica, esta cultura, o nueva forma de vida, se trata de convertir todo momento de convivencia, todo tipo de reunión, toda relación en algo más que un evento bien cuidado o un compromiso con el cual se debe cumplir. Se trata de hacer de las pláticas y las risas entre amigos, de las experiencias cotidianas, una especie de celebración de la amistad y vivencia del amor, donde Jesús se pueda hacer presente.

Esta idea, que no pretende ser romántica ni el heroísmo encarnado, es algo que no se hace sino a fuerza de paciencia y creatividad, con sus respectivas dificultades. El secreto está en mirar que todos tenemos diferencias que podemos superar siendo conscientes de una sola cosa que el mismo Papa compartía desde su cuenta de Twitter en octubre de 2017:

“Cultura del encuentro significa saber que, más allá de nuestras diferencias, somos todos hijos de Dios”.

Esto encierra todo lo que nos une y que podría motivarnos, y en esta certeza puede caber cualquier persona que habita este planeta. Es por eso por lo que en nuestra realidad se nos presentan espacios prioritarios que necesitan ser alcanzados por esta cultura del encuentro. Tales lugares privilegiados son: la frontera de los vulnerados, y los que viven fuera de nuestra fe, sin ninguna otra motivación que su buena voluntad. En el primero, la realidad es la de la pobreza y la necesidad, mientras que el otro trata del espíritu altruista, el activismo social y las buenas intenciones, más allá de nuestro propio círculo de amigos.

¿Quiénes son los partícipes y responsables de este espíritu transformador? Se encuentra en primer lugar a los jóvenes como los principales responsables de hacer de sus espacios los lugares del encuentro, pero El Papa no se cansa de decir que éste es objetivo común para los atrevidos que se arriesgan a mirar más allá de sí mismos y rompen la barrera del egoísmo, al grado de descubrir la necesidad del otro.

El Papa Francisco dijo en una de sus homilías que “La fe es un encuentro con Jesús, y debemos hacer lo que Él hacía: encontrar a otros”.

El primer y más claro lugar del encuentro efectivo es el de Jesucristo con cada uno de nosotros mismos. Sólo al encontrarnos con Jesús, podremos encontrarnos con los demás, dar la mano a nuestros hermanos, edificar relaciones profundas que nos den la oportunidad de llegar a esos lugares, el del migrante, el refugiado, el excluido, al anciano, al niño, al que está ahí, en las periferias, a quienes un encuentro entre hijos de Dios pueda cambiar el rumbo de su día. Y que nada nos haga temer; su Santidad, en el Oficio del Jueves Santo en 2016, expresó, mientras lavaba los pies a musulmanes, hindúes y cristianos, que, siendo todos hijos del mismo Dios, este encuentro era posible.

Esta propuesta del Vicario de Cristo se ha convertido en una necesidad que ha marcado su agenda, creando un “itinerario del encuentro” con los más necesitados, llevando consigo el mensaje de amor de Nuestro Señor. Visitas como la efectuada a la Isla Italiana de Lampedusa, la isla griega de Lesbos o a la frontera de Estados Unidos con México, ilustran con imágenes muy vívidas, cómo a través de un pequeño diálogo, una sonrisa sencilla o un abrazo sincero se puede transmitir la presencia de Jesucristo y se puede ser promotor de esta cultura del encuentro.

El 7 de septiembre de 2017 mientras miles de jóvenes nos reuníamos en tornos al palacio apostólico en la plaza Bolívar en la ciudad de Bogotá, su Santidad remarcaba en su mensaje las oportunidades que la sociedad da a los jóvenes para vivir este encuentro:

“A ustedes, jóvenes, les es tan fácil encontrarse. Les basta un rico café, un refajo, o lo que sea, como excusa para suscitar el encuentro. Los jóvenes coinciden en la música, en el arte… ¡si hasta una final entre el Atlético Nacional y el América de Cali es ocasión para estar juntos! Ustedes pueden enseñarnos que la cultura del encuentro no es pensar, vivir, ni reaccionar todos del mismo modo; es saber que más allá de nuestras diferencias somos todos parte de algo grande que nos une y nos trasciende, somos parte de este maravilloso país”.

Sin importar la edad, el sexo, la condición socioeconómica, la nacionalidad o el credo, todos podemos propiciar un encuentro entre hermanos que generen el amor, la comprensión, la compañía y la escucha que haga presente a Cristo Jesús en medio de un mundo que grita que lo necesita. Estos días son espacios privilegiados para renovar nuestro bautismo y hacer de nuestros pasos y nuestras actitudes una realidad revolucionaria que reitere, en la vivencia de la fe, el gozo de la esperanza y la práctica de la caridad, que estamos llamados a ser otro Jesús resucitado en el mundo.

 

Saúl Abraham Torres Alvarado 

Discernimiento Vocacional