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La Iglesia Madre, la Catedral Metropolitana

By 13 agosto, 2019 No Comments

La Iglesia Madre, la Catedral Metropolitana

“La Madre de Dios no murió de enfermedad, porque ella por no tener pecado original (fue concebida Inmaculada: o sea sin mancha de pecado original) no tenía que recibir el castigo de la enfermedad.  Ella no murió de ancianidad, porque no tenía por qué envejecer, ya que a ella no le llegaba el castigo del pecado de los primeros padres: envejecer y acabarse por debilidad. Ella murió de amor.  Era tanto el deseo de irse al cielo donde estaba su Hijo, que este amor la hizo morir”. 

San Juan Damasceno

El dogma de la Asunción de María fue proclamado por el Venerable Papa Pío XII, el 1º de noviembre de 1950, con el cual la Iglesia; esposa de Cristo, afirmaba que:

“La Inmaculada Madre de Dios, siempre Virgen María, terminado el curso de su vida terrena fue asunta en cuerpo y alma a la gloria celestial”

Por ello podemos decir y entender que el acontecimiento de la Asunción de la Santísima Virgen constituye una participación singular en la Resurrección de su Hijo y una anticipación a la resurrección de los demás cristianos.

Al ser llevada al regazo de su propio Hijo, por manos de los ángeles, la Virgen María reina junto con Él, pues incluso el salmo 44 dice “De pie a su derecha, está la reina” orienta a cuantos acuden a ella para llevarlos a Dios y les muestra un amor verdadero, único y que es capaz de transformar el corazón del hombre cegado por el pecado.

Así mismo, nuestra Ciudad de México, en concreto la Arquidiócesis Primada de México (Iglesia que peregrina en esta gran urbe) se encuentra bajo la maternal protección de María asunta a los cielos y esto nos invita a valorar la promesa que ella hiciera tantas veces en sus apariciones:

“Que nunca nos dejaría desamparados”

En este día glorioso, la Iglesia que peregrina en la Ciudad de México voltea hacia  la Catedral Metropolitana para contemplar las promesas de Dios cumplidas en María, pues la fiesta de la Iglesia Madre bajo el patrocinio de la Asunción es una excusa para comprender el camino de esperanza que nos conduce al cielo y sobre todo para dejarnos cautivar por el deseo profundo del amor de Dios, que a ejemplo de María, creatura más noble y perfecta de Dios nos espera después de una vida llena de alegrías, tristezas, altas y bajas.

Esta Solemnidad es una invitación de la Iglesia a comprender que solo de las benditas manos de la Madre se puede moldear un corazón cristiano, humano, virtuoso y puro para poder participar y delectar nuestro ser en la gloria del Señor, ésta es signo tangible de la esperanza y testimonio fecundo de la fe en la vida eterna.

María es el árbol que, por el deseo de Dios, formó en su vientre el fruto bendito de la salvación. Evidentemente Jesucristo es el fruto del árbol de la vida que, según el Génesis, quien coma de él, vivirá para siempre.

Joaquín Saúl Guzmán Gómez

Etapa de Discipulado