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LA INMACULADA CONCEPCIÓN; UN DOGMA CONSOLADOR EN LA VIDA DE TODO HIJO DE LA IGLESIA

By 1 diciembre, 2017 No Comments

En el corazón del Padre celestial existía desde siempre un secreto, conocido desde la eternidad solo por las tres personas de la Santísima Trinidad. Este secreto era el de crear a María, una creatura toda santa, inmaculada desde su concepción, para que fuera la dignísima morada del Verbo encarnado y así pudiese ser ella llamada como la Madre del Dios por quien se vive.

Desde el momento de la Anunciación, el arcángel Gabriel llama a María la “llena de gracia”, indicando con este título que desde siempre Dios la amó de modo especialísimo. En el desarrollo de la vida y misión de la iglesia, son varios los teólogos que han desarrollado la doctrina en torno a esta verdad de la Inmaculada Concepción, hasta que quedó definido como dogma de la Iglesia en el año 1854 bajo el pontificado de Pio IX. En el siglo XIV, el beato Juan Duns Escoto presentó los argumentos más sólidos para iluminar esta verdad y precisó que María Santísima fue redimida con una redención preventiva, a diferencia de nosotros que hemos sido redimidos con redención liberativa. Esto quiere decir que los méritos de la pasión, muerte y resurrección de Cristo se aplicaron a ella de modo pleno pues fue en atención a estos méritos por los que fue preservada de toda mancha de pecado desde el momento de su concepción. En el siglo XVI, san Francisco de Sales dijo que desde toda la eternidad María fue prevista y pensada a ser la Madre de Jesús y por esto fue más amada que todos los hombres y ángeles, aún tomados juntamente; y en atención a este amor, y por la omnipotencia de Dios, fue preservada del pecado desde el momento de su concepción. Otros santos que creyeron en esta verdad sobre María fueron San Alfonso de Ligorio y el Santo Cura de Ars, entre otros muchos. Fue finalmente el 8 de diciembre de 1854 cuando el Papa Pío IX proclama solemnemente esta verdad como dogma a creer por toda la Iglesia y lo hizo con estas palabras: “la doctrina que sostiene que la santísima Virgen María en el primer instante de su Concepción, por una gracia singular y privilegio de Dios omnipotente, en vista de los méritos de Jesucristo, salvador del género humano, fue preservada inmune de todo pecado original, ha sido revelada por Dios y así se debe creer firmemente por todos los fieles”.

¿Qué nos enseña a nosotros este dogma tan consolador? ¿Cómo puede influir en nuestra vida? En primer lugar, debe aumentar nuestro amor a Dios y nuestra confianza en Él, que ha querido darnos en María no solo una madre libre de todo pecado y que nos ayuda a llegar a Jesús sino también ha hecho de María el espejo de la Iglesia, es decir el reflejo de lo que Dios ha pensado para cada uno de nosotros y para toda la Iglesia. Dios quiere que seamos cada día más nobles, fraternos y fieles a la verdad a imitación de María Santísima. En segundo lugar, debe aumentar nuestro amor al prójimo porque María es madre de todos nosotros y ella nos ayuda a querernos, perdonarnos y apoyarnos en el camino no fácil de esta vida. Finalmente, debe aumentar nuestro consuelo porque Dios ha preservado a María de toda mancha de pecado para que ella cuide más perfectamente de nosotros y nos proteja bajo su manto para que ningún peligro o contrariedad nos quite la esperanza. Vivamos siempre alegres porque estamos bajo el cuidado de una madre tan noble, tan santa y tan humilde y sencilla que nos llevará siempre más y más cerca del Corazón de Jesucristo, nuestro descanso y el anhelo más profundo de nuestro corazón.

Pbro. ADRIAN Lozano Guajardo
Director Espiritual Adjunto SCM