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LA PASCUA DEL SEÑOR

By 6 abril, 2015 No Comments

Resuena en nuestros corazones, ¡éstas son las fiestas de Pascua, en las que se inmola el verdadero Cordero… Así se anuncia que ¡ha llegado la Pascua

La Pascua del Señor

Resuena en nuestros corazones, ¡éstas son las fiestas de Pascua, en las que se inmola el verdadero Cordero, cuya sangre consagra las puertas de los fieles! Así se anuncia que ¡ha llegado la Pascua!

Recordemos que la palabra Pascua viene del hebreo pésaj, y que significa “paso de un lugar a otro”. Los cristianos después de haber vivido con intensidad la Cuaresma y luego la Semana Mayor, con alegría hemos entrado a este tiempo, el más importante para nosotros, este tiempo es la cúspide de nuestro andar. Sin embargo sabemos que para llegar a la Resurrección, para tener ese “paso”, hay que franquear las barreras de la muerte, de la negación; Cristo el Señor padeció en la cruz esa experiencia y así entregó su vida por el mundo. En el sacrificio de la cruz pagó nuestro rescate, destruyo el deudor documento, así el evangelista al contemplar al Señor pudo junto con él exclamar: «Todo está cumplido» (Jn.19, 30). En esta ocasión quisiera compartir una breve reflexión sobre la pasión y resurrección, las cuales han marcado mi vida y vocación.

La Escritura dice: Mirarán al que traspasaron. (Jn.19, 37). Cuando el Señor pendía de la cruz, cuando estaba inmóvil ante los hombres y su debilidad podía contemplarse, algunos pensaban haberse logrado deshacer de aquel se decía Hijo de Dios. Más adelante, la escritura dice que cuando entregó el espíritu, el velo del templo se rasgó en dos, de arriba a abajo, sin embargo, el velo estaba colocado a una cierta altura de tal modo que resultaba difícil que alguien lo rasgase de esa forma. Detrás de ese velo estaba el Sancta Santorum (arca de la alianza), el lugar de la presencia de Dios (shekinná), ese sitio al que, como es sabido, el sacerdote ingresaba ahí una vez al año para el sacrificio de expiación. Ahora, rasgado el velo el templo, abierto el costado del Señor, Dios queda expuesto y deja que todos lo contemplen, así deja que ahora sean todos quienes puedan ingresar a donde está Él, y por otro lado deja ver el corazón de su Hijo traspasado para que al mismo tiempo y de esta manera contemplen también el suyo. Mírenlo y serán iluminados (Sal. 33, 6).

En el Credo de los Apóstoles, afirmamos que Cristo descendió a los infiernos. En efecto, bajó al lugar de los muertos (Sheol), porque él estuvo muerto. «El Redentor, por su solidaridad con los muertos les ahorró toda la experiencia de estar muerto (en cuanto a la pena de daño) haciendo que una luz celeste de fe, esperanza y amor iluminara siempre el “abismo”, eso es porque cargó vicariamente con toda esa experiencia. Aparece como el único que sobrepaso la vivencia general de la muerte y llegó a tocar el fondo del abismo». (cfr. Mysterium Salutis 273). Sin embargo, a pesar de ello, a pesar de que el Señor se sentía abandonado por su Padre en el madero, tuvo fe; nos demostró la fortaleza de la fe y por ello mismo Dios lo resucitó, no lo dejó en el abismo, no lo dejó en la muerte, así se cumplió lo que dice el salmista: «No dejarás que tu fiel conozca la corrupción» (Sal. 15,10). Ahora el mismo Hijo de Dios nos enseña que la fuerza de la fe en el Padre libra de la muerte y del abismo; por ello, día a día nos invita a no desfallecer y perseverar firmes en ella, pues «¿De qué nos serviría haber nacido si no hubiéramos sido rescatados? ¡Qué asombroso beneficio de su amor por nosotros! ¡Qué incomparable ternura y caridad! ¡Para rescatar al esclavo entrego al Hijo!».

Jesús resucitó en la madrugada del primer día de la semana. (Mc.16,9). Con la resurrección del Señor ocurre algo que nunca había sucedido «se une el cielo con la tierra, lo humano con lo divino». La resurrección de Cristo rompe con las cadenas de la muerte para ir a un tipo de vida que ya no está sujeta a la ley de la muerte ni del devenir como lo explica Benedicto XVI. ¡Cristo realmente está vivo!
No me resta más que desear a los bienhechores, seminaristas, familiares y padres: ¡Felices pascuas de Resurrección! Que Cristo, el Señor resucitado, traiga inmensa alegría a nuestros corazones.

Alejandro Rojas, 2o fil.