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LA PASIÓN DE MIS PADRES POR LA VIDA ME LLEVÓ A SER SACERDOTE

By 30 marzo, 2017 No Comments

La unidad de mi familia y la relación con mis padres y hermanos fueron determinantes en el desarrollo y consolidación de mi personalidad, así como en la apertura creciente al conocimiento de Dios y de su acción en mi vida.

Soy el P. Luis Manuel Pérez Raygoza, nací el 21 de agosto de 1973 en la ciudad de México. Soy el mayor de cuatro hermanos, quienes recibimos de nuestros padres un gran amor y un fuerte ejemplo de fe, honestidad, pasión por la vida y entrega al trabajo

La unidad de mi familia y la relación con mis padres y hermanos fueron determinantes en el desarrollo y consolidación de mi personalidad, así como en la apertura creciente al conocimiento de Dios y de su acción en mi vida.

Sin duda, el período de la catequesis previa a mi Primera Comunión y la recepción del cuerpo de Cristo por primera vez, constituyeron una importante luz en mi incipiente camino de fe. Allí puedo ubicar las primeras inquietudes vocacionales.

Viví la adolescencia como un período muy intenso en la búsqueda de la verdad y de mi vocación.

De los 12 a los 17 años pasé por un período de rebeldía adolescente, lo cual incluyó el cuestionamiento de los valores religiosos en los que había sido educado por mis padres. No obstante, la búsqueda sincera de la verdad me condujo a descubrir la enorme sed de Dios que había dentro de mí.

Gracias a un mayor acercamiento de mis padres a la fe, al testimonio sacerdotal de mi párroco domiciliario, a mi vivencia más intensa del sacramento de la Reconciliación y a la integración a los grupos de Escuela de Pastoral y de catequesis de mi parroquia de origen, pude descubrir el llamado que Cristo me hacía para seguirlo en el camino sacerdotal.

Habiendo intuido lo que Dios quería de mí, me consagré a la tarea de investigar sobre la formación sacerdotal en diversos seminarios y órdenes religiosas. Dicha búsqueda fue ardua, pero al conocer el Seminario Conciliar de México supe, sin poder dudarlo, que era el lugar que Dios quería para mí.

Terminados los estudios de bachillerato, y habiendo recibido acompañamiento vocacional durante un año, entré al Curso Introductorio en el Seminario Conciliar de México el 12 de agosto de 1991.

Guardo recuerdos entrañables de mi formación en el seminario. Considero haber sido un seminarista muy feliz y apasionado por mi vocación y por mi formación.

El seminario me permitió construir fuertes lazos de fraternidad y amistad. Asimismo, guardo una sincera gratitud, respeto y admiración por cada uno de mis formadores y directores espirituales.

Recibí la ordenación diaconal el 11 de junio de 1999, en la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús. Fui destinado a la parroquia de María Madre de la Iglesia (tercera vicaría episcopal) en la cual comencé mi experiencia diaconal el 3 de julio de 1999. Las experiencias y el trabajo pastoral en dicha comunidad fueron decisivos en el inicio de mi consolidación como pastor.

Fui ordenado sacerdote el 13 de mayo del año 2000, y se me destinó a colaborar en la formación sacerdotal como prefecto del Curso Introductorio en el Seminario Conciliar de México, ministerio que inicié el 12 de junio de 2000. Posteriormente fui formador en el seminario menor durante año y medio.

En el año 2002 fui enviado a realizar la licenciatura en Teología Espiritual en la ciudad de Roma, viviendo en el Pontificio Colegio Pío Latinoamericano y estudiando en la Universidad Gregoriana.

Concluidos mis estudios en Roma en el año 2004, se me llamó de nueva cuenta a colaborar en la formación sacerdotal, esta vez como prefecto de 1º de Filosofía, en el seminario mayor, ministerio que desempeñé durante tres años. En junio de 2007 el Señor Arzobispo me llamó a coordinar la formación, animación y acompañamiento espiritual en el seminario, ministerio que desempeño hasta la fecha.

Agradezco a Dios la oportunidad de colaborar en la formación de los futuros pastores de la Arquidiócesis de México, lo cual constituye una noble tarea pero también una delicada responsabilidad ante Dios y ante la comunidad eclesial.

Fuente: SIAME