Echar las redes

La Sagrada Escritura y el Corazón de Cristo

By 3 septiembre, 2019 No Comments

El mes de septiembre nos invita de modo especial a volver la mirada a la Sagrada Escritura para siempre reencontrar en ella una fuente fundamentalísima de vida que es la comunión con Dios. Quiero compartir contigo, estimado lector, tres aspectos que pueden ser alentadores para acercarnos con mayor amor a la palabra de Dios.

En primer lugar, quiero compartir contigo cómo la Sagrada Escritura nutre la vida del seminario cada día y durante todo el año. El ritmo diario queda establecido por el rezo de la liturgia de las horas; fundamentalmente laudes, vísperas y completas. En esta oración, los salmos nos ayudan a elevar el corazón a Dios con las mismas palabras que Él nos ha dado para ello, y también intensificamos la comunión con toda la iglesia al orar con la misma oración que todo el Cuerpo Místico de Cristo eleva a Dios en todo lugar del mundo. De igual manera, el tiempo de la meditación personal, que suele durar cuarenta minutos, está siempre fundado en un texto de la Sagrada Escritura, sobre todo de los evangelios. Y, por supuesto, el centro de cada día lo constituye la celebración Eucarística; en la que leemos la Sagrada Escritura, la liturgia de la palabra que dispone el corazón a la comunión plena con Jesucristo.

En segundo lugar, la Sagrada Escritura es un medio esencialísimo para amar a Dios, para conocer el plan de salvación que ha tenido y tiene sobre la humanidad y cómo éste se ha concretado en Jesucristo. No por nada decía San Jerónimo que ignorar las Escrituras es ignorar a Jesucristo. Y si bien todos los libros de la Biblia son bellos y forman una unidad inseparable, son especialmente sublimes los Evangelios, en cuanto narran los hechos y palabras de Nuestro Señor. Cada Evangelio acentúa un aspecto del plan y el amor de Dios y así, por ejemplo, el Evangelio de San Lucas es muy insistente en la misericordia de Dios y el de San Juan en la nueva creación que el Señor viene a darnos en su glorificación en la cruz y en la resurrección.

En tercer lugar, la Sagrada Escritura es la apertura del Corazón de Cristo. Cuando el soldado traspasa el costado en la cruz, se revela el sentido pleno de toda la Sagrada Escritura, se rasga el velo y el hombre puede tocar ya el costado del Señor y decir con santo Tomás “Señor mío y Dios mío”. En toda la Escritura late un corazón, late el amor de Dios que, detrás de cada texto, quiere decirnos algo y conquistar nuestro amor para llevarnos a amar a los hermanos. Cuando el costado de Cristo es traspasado, el amor de Dios hecho visible en el Corazón de Cristo, se hace signo definitivo del nacimiento de la Iglesia y de la donación del Espíritu Santo.

Querido lector, espero que siempre la lectura de la Sagrada Escritura forme parte esencial de tu vida; recuerda que hay que leerla con el mismo sentir de la Iglesia. No olvides que, en cada Misa, leemos la Sagrada Escritura; así tenemos la primera lectura, el salmo responsorial, la segunda lectura y el Evangelio. Que el Señor nos conceda acercarnos a la palabra de Dios con el mismo amor que lo hizo siempre la Santísima Virgen María.

Pbro. Adrián Carlos Lozano Guajardo

Director Espiritual Adjunto