Echar las redes

LE DIJE A DIOS: “TÚ NO EXISTES”, Y ESE MISMO DÍA ME FLECHÓ

By 9 febrero, 2016 No Comments

Testimonio vocacional de Adrián Sánchez, alumno del Seminario Conciliar de México. “Si tú existieras no permitirías tantas cosas que estoy viviendo, tú no me cumples lo que te pido”, procedí a quitar una Cruz en mi cuarto, y le dije: “¡tú no existes, eres una idea del hombre!”

Mi historia vocacional comenzó a la edad de 16 años, pero anteriormente ya había presentado algunos signos que me fueron acompañando desde mi niñez. Cuando entré al catecismo, me gustaba ir a Misa cada domingo, en ella veía siempre una Iglesia muy llena y viva, habían muchos niños. Esa es la Parroquia de San Sebastián Mártir, en Iztapalapa. Después de hacer mi Primera Comunión nos cambiamos de hogar y dejamos de ir a Misa, aunque yo tenía el gran deseo asistir; sin embargo, durante el tiempo de catecismo mis hermanos entraron a Escuela de Pastoral.

Cuando nos cambiamos, una de mis hermanas no dejó de ir, siempre la molestábamos diciéndole que era una monja… uno nunca sabe lo que dice. Pasaron algunos años, entré a la secundaria y empecé una época de vacío existencial; la chica con la que quería andar no me hacía caso, cuando acabé la secundaria estaba muy triste; había problemas en mi casa, y por último, no me había quedado en la escuela que yo quería, me sentía deshecho. Entonces le dije a Dios: “Si tú existieras no permitirías tantas cosas que estoy viviendo, tú no me cumples lo que te pido”, procedí a quitar una Cruz en mi cuarto, y le dije: “¡tú no existes, eres una idea del hombre!”.

Casualmente, mi hermana me invitó ese día a un grupo en la iglesia, y le dije: “Dios no existe”. Ella no me respondió, y partió; sin darme cuenta, algo se movió en mí y la alcancé; llegamos al grupo de Renovación Carismática, todos estaban aplaudiendo y alabando a Dios, algo que me causó pena y un poco de enojo; ya me quería ir, pero como no tenía dinero para regresar, permanecí ahí; sin embargo, en el momento de la oración Dios me flechó, y entonces me dejé amar. Desde ese momento empecé a acudir a la Iglesia.

A los 16 años llegó un seminarista a hacer la invitación para entrar al Seminario, pero sólo sentí la inquietud. El sacerdote que estaba en ese entonces era el P. Salvador Gómez Escobar, de quien tuve un gran testimonio sacerdotal. Pero a pesar de sentir ese llamado, no quise entrar al Seminario. Terminé la vocacional, entré a la ingeniería y cuando iba en tercer semestre, durante mi oración nocturna sentí algo en mi corazón que decía “para qué estudias para el mundo, si puedes estudiar para Mí”, en ese momento lloré y no sabía qué hacer, pero opté por seguir en la escuela.

En octavo semestre de la carrera, cuando iba caminando por la calle, algunas personas me decían: “Buenos días, padre”, o los taxistas me preguntaban: “¿Usted es sacerdote?”. Mi novia me dijo en una ocasión: “Te veo más para sacerdote”, y eso me impactó. Posteriormente, me encontré en internet a un sacerdote y le conté mi inquietud; él se llama Daniel Campos. Fue él quien me enganchó para entrar al Seminario, acudí al COV y posteriormente fui aceptado. ¡Ahora estoy en tercero de Filosofía y no me arrepiento de haber tomado esta decisión! ¡Anímate a entrar!

Fuente: SIAME