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MI HISTORIA ES DE SALVACIÓN - El seminario
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MI HISTORIA ES DE SALVACIÓN

By 4 diciembre, 2015 No Comments

Testimonio vocacional de nuestro hermano José Alfredo Reyes Santillán: Mi historia de salvación, y por tanto vocacional, ha sido una gracia tras gracia del Buen Dios. Que a pesar de las resistencias que he puesto, me he sentido como el profeta Jeremías cuando dice “Yo me decía: ‘No pensaré más en él, no hablaré más en su nombre’. Pero era dentro de mí como un fuego ardiente encerrado en mis huesos; me esforzaba en sofocarlo, pero no podía” (Jr 20, 9).

Siempre que me preguntan acerca de mi historia vocacional, de cómo surgió, cómo fue, resulta difícil explicarlo. No por el hecho de no tener respuesta, sino porque faltaría tiempo y espacio para abarcar mi historia de salvación, y más porque, muchas de las veces, toca las esferas de la intimidad, pues la vocación es el encuentro personal del hombre y Dios.

Nací el 27 de octubre de 1985. Originario de la comunidad de Santa Cruz de Abajo, del municipio de Texcoco, en el Estado de México. Soy el segundo de tres hijos del matrimonio formado por Alfredo Reyes Cardona y Juana Santillán Romero.

Mi encuentro con Jesucristo se refleja en muchos acontecimientos aislados y concatenados por Él. Mi proceso vocacional lo veo más claro en la juventud, cuando invadido por desvíos, propios de la edad, reflexioné acerca del sentido y rumbo que llevaba mi vida; me sentí atraído por la forma de vida del sacerdote sin saber en realidad lo que era, pero había algo que me llamaba la atención, incluso perturbaba mi ser.

Estudiando la carrera en el IPN y con todas estas preguntas y vacíos, me fui acercando a la Iglesia. Antes de llegar a la universidad se me hizo costumbre pasar a la Basílica de Guadalupe, lugar donde se fue gestando mi amor a la Eucaristía y a la Virgen María. Resulta que uno de esos días tuve la oportunidad de acercarme al Sacramento de la Reconciliación,  y en él pude descubrir algo muy especial, el rostro misericordioso del Padre y el deseo de querer ser sacerdote, para así mostrar a los demás el amor y misericordia que Dios ha tenido conmigo.

Fue cuando me decidí por entrar al Seminario. Platicando con un sacerdote de la misma Basílica, me contactó con el seminario y así inicié mi proceso en el COV, mi familia no lo sabía, pues cuando yo les había platicado con anterioridad lo tomaron a mal, por ello me vi en la necesidad de ocultárselo por varios meses, les decía que esos sábados me iba a prácticas en las escuela, hasta que ya no pude hacerlo y les dije que estaba yendo al seminario ¡ya se imaginarán su reacción!  El tiempo del COV me ayudó para tomar más en serio mi llamado al sacerdocio, visión que se reafirmaría en el introductorio y posteriormente en la Filosofía, e incluso en el primer año de la Teología, con la ayuda de testimonios, tanto sacerdotales como de hermanos en la misma vocación, y sobre todo por el ardiente amor del Pueblo santo de Dios.

Mi historia de salvación, y por tanto vocacional, ha sido una gracia tras gracia del Buen Dios. Que a pesar de las resistencias que he puesto, me he sentido como el profeta Jeremías cuando dice “Yo me decía: ‘No pensaré más en él, no hablaré más en su nombre’. Pero era dentro de mí como un fuego ardiente encerrado en mis huesos; me esforzaba en sofocarlo, pero no podía” (Jr 20, 9).

Fuente: SIAME