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MI VOCACIÓN COMENZÓ COMO LA TUYA… EN EL BAUTISMO

By 17 febrero, 2016 No Comments

Testimonio vocacional de Jovani Fernández, alumno del Seminario Conciliar de México. Por tanto, mi proceso vocacional comenzó en casa, con una familia católica que educó a sus hijos en la fe y en los valores de la Iglesia, y durante la infancia y adolescencia participé en varios grupos parroquiales.

Mi nombre es Jovani, y curso actualmente el primer año de Filosofía en el Seminario Conciliar de México; tengo el gusto de compartir con ustedes un poco de lo que ha sido mi proceso vocacional, y para esto es necesario comentarles que mi vocación, como la de mis hermanos y la de ustedes, comenzó con el don de ser hijo de Dios a través del sacramento del Bautismo. En mi caso, fue a través de mis padres, quienes también nacieron en un seno de una familia católica. Por tanto, mi proceso vocacional comenzó en casa, con una familia católica que educó a sus hijos en la fe y en los valores de la Iglesia, y durante la infancia y adolescencia participé en varios grupos parroquiales; sin embargo, considero que los que más me marcaron fueron la catequesis y la Legión de María.

Propiamente, mi respuesta a la vocación cristina comenzó en la etapa de la secundaria cuando comencé a ayudar en la catequesis de la parroquia, en una área de mi colonia con características marginales, fue así como tomé conciencia de que el llamado a la vida cristiana tiene consigo una vacación especifica; es decir, una invitación a algo concreto, con otras palabras, una llamada concreta que exige una respuesta concreta. Casi al concluir la secundaria, consideré junto con mi familia ingresar al Seminario Menor, pues, el llamado a ser sacerdote era algo muy claro en esa etapa de mi vida.

El Seminario Menor fue toda una experiencia temprana de respuesta al llamado a ser sacerdote, con las características propias de un adolescente que ha decidido responder; cursé esta etapa con muchas ilusiones, aciertos y oportunidades de crecimiento, opino que el Seminario Menor fue una gran aventura en mi vida, que trajo consigo grandes experiencias de fe, de vida de Iglesia, y grandes retos de maduración personal, como es el hecho de encontrarse con más adolescentes diferentes a uno, para integrarse a un mismo itinerario de formación.

Cursé en una primera etapa los primeros años de formación en mi tierra natal Tijuana, donde por primera vez miré de frente la formación sacerdotal, con sus exigencias de vida espiritual, pastoral, académica y humana, con el objetivo de configurarse con Jesús, Buen Pastor. Después de esta etapa pasé un año en casa, un año que a manera personal lo considero, un año más a la formación, pues con claridad pude ver aquello que podía ser oportunidades para crecer tanto en el área humana, como en mi proceso de respuesta al llamado a la vida sacerdotal.

Mi inserción a la Arquidiócesis de México ha sido toda una experiencia de fe y confianza, llena de providencias, providencias que desde luego tienen nombres específicos de sacerdotes, de hermanos seminaristas, de fieles laicos que me han abierto las puertas de sus vidas y me han mostrado por una parte la fidelidad de Dios, y por otra parte han incentivado mi respuesta, cierto que con mucho camino que recorrer pero dispuestos para una formación en esta Iglesia de la Ciudad de México.

Fuente: SIAME