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MI VOCACIÓN SURGIÓ AL VER A LA GENTE DE UNA RANCHERÍA PIDIENDO CONFESIÓN Y MISA

By 22 septiembre, 2016 No Comments

Testimonio vocacional de Edgar Sánchez Muratalla, alumno del Seminario Conciliar de México. “Padre, necesitamos que venga más seguido, nosotros necesitamos de usted, queremos confesarnos y escuchar Misa”.

Mi nombre es Edgar Sánchez Muratalla, tengo 28 años, y soy originario de la congregación de Mundo Nuevo, del municipio de Coatzacoalcos, Veracruz. Soy hijo del señor Leonel Sánchez Rivera y de la señora Valentina Muratalla Córdova, el más pequeño de cuatro hermanos.

Mi historia vocacional comenzó a la edad de 8 años cuando decidí, por motivación de mi mamá, ser parte del grupo de monaguillos de una capilla perteneciente a la Parroquia de San Nicolás de Bari, entonces a cargo del P. Jorge Cruz Alor. Siendo monaguillo experimenté el deseo de ser sacerdote. Me gustaba ver a mi párroco cuando celebraba la Misa, cuando compartía su vida y trabajo con la gente, pero sobre todo, me atraía su vida de oración y su unidad a Jesús, el “buen amigo que nunca falla”, como solía decir. Todo esto me motivaba a querer ser sacerdote, no entendía bien qué significaba ser cura, pero crecía en mí esa inquietud.

En una ocasión, el padre invitó a las personas de la comunidad a ir a misionar a una de las comunidades de la parroquia que estaba muy retirada y abandonada. En esa comunidad se celebra Misa sólo una vez al año; era una ranchería con al menos unas seis familias católicas. Fuimos un equipo de misión (así le llamaba el padre) a convivir con la gente, dar temas y celebrar la Eucaristía. Fue ahí donde empezó a tener más sentido mi deseo de ser sacerdote, lo recuerdo muy bien. Aquellas personas se le acercaron al padre después de la Misa para decirle: “Padre, necesitamos que venga más seguido, nosotros necesitamos de usted, queremos confesarnos y escuchar Misa”. El padre les respondió: “Hijos, estoy solo en la parroquia y no me da tiempo para atenderles, pero trataré de hacerlo una vez cada tres meses”. Al escuchar la necesidad de aquellas personas me acerqué al padre y le dije: “Yo quiero ser sacerdote para atender a estas gentes”. Recuerdo que el padre me tocó la cabeza y me dijo: “Estás muy chico, pero pídele a Dios que te ilumine y te dé la fuerza para serlo, por ahora, dedícate a estudiar y sé un buen hijo”.

Cuando nos retiramos de aquella comunidad, le pedía mucho a Dios que me escogiera para ser sacerdote. Era sólo un muchacho de 10 años, rezándole a Dios. Pero Él me escuchó, y hoy soy parte de uno de esos llamados. Estudio en el seminario para ser, en un futuro, sacerdote para el Pueblo de Dios.

Actualmente pertenezco a la Prelatura de Cancún-Chetumal y continúo mis estudios en el Seminario Conciliar de México, donde curso la etapa del segundo año de Filosofía, y con la gracia de Dios espero responder a este llamado que Dios me ha hecho.

Fuente: SIAME