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MISIÓN EN MITONTIC, CHIAPAS

By 2 junio, 2015 No Comments

La experiencia que me tocó vivir en Mitontic fue muy rica por la fe tan profunda y viva que se respira apenas llegas a la comunidad. Fue interesante también, por el choque cultural o de costumbres, que al interior de la misma comunidad se vive. Pues descubrir que están presentes los así llamados “creyentes” y los de la “costumbre” hacen de la convivencia y de la vida religiosa una realidad difícil, aunque armónica y sin enfrentamientos, siendo ambos católicos.

Los “creyentes” son hermanos que se esfuerzan por vivir su fe con la mayor apertura posible a la Iglesia y al Evangelio, cuya vida comunitaria la desarrollan en dos iglesias distintas, numeradas por ellos como la “iglesia uno”, que es el templo restaurado más antiguo, pero a la vez el menos concurrido, que está animada por dos catequistas Don Bernabé y Don Enrique, quienes no viven en Mitontic, pero cuyo esfuerzo muestra la profundidad de la experiencia de fe de estos grandes hermanos. La “iglesia dos”, es un templo reciente, donde los creyentes viven su fe animados por el catequista Lorenzo que vive junto al templo, y Sebastián.  Esta comunidad es más dinámica y participativa gracias a la dedicación y esfuerzo de sus catequistas.

Los catequistas son personas de sumo respeto, cuya autoridad moral es innegable e incuestionable para la comunidad que los conoce y escucha, son hermanos de gran experiencia de fe, que nutren con la fuerza de su testimonio y entrega la fe de los hermanos que van rescatando y animando para que participen de la vida de la Iglesia.
Es interesante palpar de primera mano cómo un pueblo mantiene viva su lucha por la justicia, la paz y la igualdad entre sus comunidades. Entendí después de algunos días, por qué no asistían las familias a la “iglesia uno”, sucede que vinculan a don Domingo, quien está a cargo del templo, con el movimiento Zapatista, que en la conciencia de la comunidad significa violencia, resistencia y problemas. Al platicar con algunas familias, se notó que esa conciencia unida a algunos problemas que ha generado la familia de don Domingo, han ocasionado el alejamiento.

Para la celebración de la Semana Santa, ambas iglesias se unieron. Esta fue la iniciativa del P. Lucas, vicario de Chenalhó quien, al hablar con los catequistas de las iglesias, acordaron celebrar en conjunto estos días santos. Los catequistas estuvieron de acuerdo y los frutos se notaron, pues pudieron convivir iglesias que de ordinario están acostumbradas a tener sus propias celebraciones. Además, una joven de la Iglesia dos llamadas: Mari Cruz que colaboró muy de cerca con nosotros para la organización de las actividades de los días santos y que nos ayudó en la interpretación al tzotzil, manifestó su deseo para ser catequista, esto fue una bendición.

Amén de las circunstancias históricas que ocasionaron la experiencia de fe tan diversa entre los creyentes y los de costumbre, donde la falta de pastores ha orillado muchos a expresar su fe de la manera que mejor le acomode, son una comunidad que expresa desde el corazón, en su pensamiento, en sus palabras, en sus obras, en todo lo que hacen, que es Dios el que mueve su vida, mueve su historia, camina con ellos, se organiza con ellos,  lucha con ellos y por ellos. Siempre saben agradecer, lo hacen llenos de profunda fe manifestando con sus devociones la alegría de saberse bendecidos por Dios, cuya manifestación más cercana está en sus sagradas imágenes a las que ofrecen flores, cantos y queman velas, unido a esto puede estar la ofrenda de bebidas refresco y/o alcohol, o la ofrenda en sacrificio de una gallina. Esta es la forma común de orar entre los hermanos católicos de la “costumbre”, quienes, además, tienen su propio templo, abierto a todos. En él están las imágenes del pueblo que por razones históricas fueron sacadas de la iglesia uno.

En lo personal esta experiencia constituyó un momento sumamente enriquecedor para mi fe y mi vocación, pues me permitió ir más allá de mis horizontes; allá donde Cristo nos llama a ser fermento en el mundo, en medio de los más amados por Él. Lugares donde se viven y respiran los frutos de la resurrección del Señor. Sin duda es una experiencia que roba el corazón, que motiva el espíritu para seguir aportando desde mi pobreza lo más que pueda para que la misión no termine. Soy materia dispuesta para ir cuantas veces se me permita.