Echar las redes

PREGUNTARON: ‘¿QUIÉN QUIERE SER SACERDOTE?’, Y EN ESE MOMENTO ME LEVANTÉ DESPACIO

By 7 junio, 2016 No Comments

Testimonio vocacional de Ernesto Antonio Aguilar Hernández, alumno del Seminario Conciliar de México. Mi vocación comenzó cuando tenía tres años, pues yo sentía que Dios me hablaba.

¿Mi nombre es Ernesto Antonio Aguilar Hernández, y actualmente estoy cursando el cuarto semestre de preparatoria en el “Seminario Menor”.  Mi vocación comenzó cuando tenía tres años, pues yo sentía que Dios me hablaba. A los seis años ingresé al equipo de monaguillos de la Parroquia de Nuestra Señora del Sagrado Corazón, que es mi parroquia de origen.

En una Misa, vi los movimientos que hacia el Padre, y fue lo primero que me atrajo. Tiempo después, cuando había acabado mi primer año de secundaria, me tuve que mudar, y como no quería dejar la oración, quise ir a la parroquia del lugar. Después de un tiempo de estar en esa parroquia, un amigo mío me preguntó que si quería unirme a los franciscanos, a lo cual contesté que sí, pues necesitaba una nueva experiencia. Con los franciscanos me nació nuevamente la idea de querer ser sacerdote, pero esta vez franciscano.

En una visita pastoral, Mons. Adolfo Miguel Fonseca, obispo auxiliar de la III Vicaría, junto con su equipo pastoral, visitaron mi parroquia de origen. Ese día tenía muchos nervios, pues le diría a mis papás que quería ser sacerdote. Estando allí, el padre Gilberto, promotor vocacional de la III vicaría, preguntó “¿Quién quiere ser sacerdote?”, y nadie se ponía de pie, entonces preguntó otra vez: “¿Quién quiere ser sacerdote?”, y con muchos nervios me puse de pie. Fue cuando todos (incluyendo mis papás) me voltearon a ver y después de unos segundos, comenzaron a aplaudir, sonreí y me puse muy feliz pues mis papás me felicitaron por esta decisión.

Al finalizar la Misa, el P. Gilberto me buscó y me entregó una tarjeta del COV (Centro de Orientación Vocacional) de la vicaría, y me dijo “Te espero a las 4:00”.  Llegó el sábado, y ansioso fui pero no sabía cómo llegar, por lo que llegué a las 4:30. Fue en ese momento que empecé mi proceso. Pasó un año, y el padre nos llevó al seminario, yo llegué saludando a todos, conocí a muchos seminaristas con los que conviví agradablemente.

Después de otro año en el COV, llegaba el momento de inscribirme al pre-seminario a pesar de que algunos familiares míos estuvieron en contra (incluso algunos aún están inconformes con mi decisión). Ahí fue donde conocí a los que actualmente son mis hermanos. Esa semana fue una semana de total alegría; sin embargo, un día antes de que nos dieran la respuesta de aceptación, estaba muy nervioso. Llegó el día y recibí la noticia de que me habían aceptado. ¡Aquí estoy para hacer la voluntad de Dios! Ahora los animo a ustedes a seguir a Cristo, retomando unas palabras de san Juan Pablo II, “No tengan miedo de mirarlo a Él porque Él es la vida, la verdad y la vid”.

Fuente: SIAME