Echar las redes

SI NO FUERA POR MI ABUELA, AHORA NO ESTARÍA EN EL SEMINARIO

By 24 noviembre, 2016 No Comments

Mi nombre es Jorge Valdez González, y actualmente curso el primer año de Teología. Mi respuesta a la vocación surgió bajo tres circunstancias: mi abuelita paterna, grupo de jóvenes y CADIAM (Catequesis Diferencial de la Arquidiócesis de México).

Cuando era pequeño, a eso de los seis años, mis padres me llevaron a la parroquia para que tomara la preparación adecuada a fin de recibir los sacramentos de la Eucaristía y Confirmación. Asistía a Misa dominical y me llamaba la atención el momento de la consagración y la forma en que vestía el sacerdote. Con el paso del tiempo y tras haber terminado mi preparación en la catequesis, me distancié casi cinco años de la Iglesia; no participé de ninguna actividad pastoral, y no asistía a Misa dominical ni acudía a los actos de religiosidad, pues mi familia tampoco lo hacía.

Después de un tiempo, mi abuelita paterna, por su edad avanzada, pedía que alguien la acompañara a la Iglesia, ya que ella asistía asiduamente a Misa, participaba en la Hora Santa y en pequeñas reuniones del templo. Recuerdo que me llevaba a la parroquia durante el  Adviento, Cuaresma y Semana Santa, aprovechando que yo tenía vacaciones; me enseñó a orar y a participar con devoción de la Eucaristía. Gracias a las experiencias que viví con ella surgió en mí una inquietud, no la de ser sacerdote, sino una que me permitió encontrarme con Dios en las diferentes prácticas de fe y devoción, y empecé a alimentar mi fe con la Sagrada Escritura, con la Eucaristía, y a hacer oración por las noches antes de ir a descansar. Estoy muy agradecido con mi abuela porque me acercó nuevamente a la Iglesia y por encender en mí la llama fe y de amor a la persona de Jesucristo.

Durante el tiempo que acompañé a mi abuelita nunca participé en algún grupo parroquial, simplemente continué conociendo la Iglesia. La llegada del nuevo párroco y el impulso que éste dio a la misión, motivó el visiteo con el fin de que la comunidad conociera a su nuevo pastor. Y sucedió que al tocar la puerta de mi casa, salí para atenderles y me invitaron a un retiro juvenil de Pentecostés, al cual no estaba muy convencido de asistir ya que no llamaba mi intención, sin embargo, insistieron tanto que me convencieron. Fui al retiro y ahí tuve el encuentro más intenso con Jesús a través del silencio y la oración. Al concluir el retiro nos invitaron a los participantes a acudir a reuniones los sábados, las cuales devinieron en un grupo juvenil.

Después de todas esas experiencias, y agradecido con mi párroco (un buen sacerdote), fue que decidí entrar al seminario, pues su testimonio y entrega fueron lo que me llevó a tomar esta decisión: servir en todo al pueblo de Dios. Hoy por hoy, y a pesar de los momentos difíciles en la formación, él me impulsa a seguir en el seminario. En pocas palabras, puedo decir que estoy preparándome y dándole sentido a mi formación por gente concreta, rostros concretos y nombres concretos que, afuera, esperan a un sacerdote.

Fuente: SIAME