Echar las redes

SI SIENTES EL LLAMADO DE DIOS, NO DUDES

By 26 julio, 2016 No Comments

Testimonio vocacional de Carlos Amador Treviño, alumno del Seminario Conciliar de México. No puedo sino caminar siempre agradecido con Jesús por invitarme, y con María Santísima por darme valor. Si estás leyendo esto y en tu corazón sientes que Él te llama; no dudes, no estas sólo; Él camina contigo.

Hola, mi nombre es Carlos Amador Treviño. Desde pequeño siempre tuve una relación muy cercana a Dios, la formación de mis padres siempre me orientó a verlo como un amigo que nunca falla. Todos los días orábamos en familia, antes de dormir y de camino a la escuela, y normalmente asistíamos los domingos a la Eucaristía.

Cuando tenía 9 años, mi papá enfermó y, tras un largo periodo en el hospital, murió. Yo, quizá como cualquier otro muchacho, me “enojé” con Dios y decidí no hablarle más. Después mi vida transcurrió con normalidad; iba de vez en cuando a Misa, pero en mi corazón había algo que no me dejaba “perdonarlo”.

La situación en casa económicamente se apretó y yo quise ayudar a mi mamá al menos con un poco, así que comencé a trabajar en la organización de campamentos para niños. No pasó mucho tiempo, cuando mi jefe me invitó a ir a unas Misiones durante la Semana Santa; por supuesto, esto no estaba en mis planes, pero Dios se encargó de que aceptara esa invitación que cambiaría mi vida. Fui a una comunidad en la Sierra Norte de Puebla, una de las zonas más complicadas de nuestro país, con una realidad económica y social muy dura. Estando ahí, veía que los niños eran muy felices a pesar de vivir en condiciones tan adversas, y eso me hizo pensar sobre mi vida. Yo no tenía ese tipo de carencias; pero no estaba a gusto, me faltaba algo, o mejor dicho Alguien. Tras una semana de compartir la fe, me di cuenta de que más que a enseñar en realidad había ido a aprender. Regresé a hacer mi vida con normalidad; no puedo decir que mi interior cambió “mágicamente”; fue todo un proceso volver a la Iglesia, primero con una vida sacramental, y poco a poco, en la opción por los demás, descubrí que Jesús me invitaba a seguirlo.

Participé como misionero laico durante un año en Durango, ahí mi corazón continuó inquietándose. Tuve la oportunidad de hacer una peregrinación vocacional a Roma y me quedé impactado por lo grande y diversa que es la Iglesia; no me refiero a las piedras, sino a la gran comunidad de bautizados, algo que me hizo pensar mucho y paulatinamente fue preparando mi corazón. Aquel viaje acabó en Fátima, Portugal, donde la Virgen se apareció a tres pequeños pastores; y ahí, en una noche junto a mis mejores amigos, después de rezar el Rosario y estar adorando a Jesús Sacramentado, le dije que sí. No ha sido fácil el camino; al contrario, ha estado salpicado de renuncias, pero eso sí, lleno de amor y satisfacción. No puedo sino caminar siempre agradecido con Jesús por invitarme, y con María Santísima por darme valor. Si estás leyendo esto y en tu corazón sientes que Él te llama; no dudes, no estas sólo; Él camina contigo. ¡Ánimo!

Fuente: SIAME