Echar las redes

SIENDO QUÍMICO-FARMACÉUTICO-BIÓLOGO, NO ME EXPLICO CÓMO TERMINÉ EN EL SEMINARIO

By 5 octubre, 2016 No Comments

Tenía 21 años, me encontraba estudiando el sexto semestre de la universidad, cuando me invitaron a participar en un retiro juvenil con la mayoría de mis amigos y un hermano.

Yo pensaba que todo en la vida era lograr ser un profesionista. Mi nombre es Benito López Flores, soy Químico Farmacéutico Biólogo; fui laboratorista, paramédico, agente de ventas, laboré para el gobierno y ahora soy seminarista, algo que yo tampoco me explico, pero sólo hay un responsable de esta emotiva experiencia: Dios.

Mi vida giraba en torno a todas las cosas del mundo, menos en un ambiente religioso. Lo único que importaba era tener el mejor celular, los mejores zapatos, la mejor ropa, etcétera. De mis siete hermanos, sólo uno de ellos y mi mamá frecuentaban las actividades de la Iglesia. Para mí los domingos eran días exclusivos para el futbol, amigos, fiestas y familia, olvidándome ordinariamente de Dios. Nunca tuve la experiencia de ser monaguillo en mi capilla, creía que eso era para niños extraños, que no tenían nada que hacer.

Tenía 21 años, me encontraba estudiando el sexto semestre de la universidad, cuando me invitaron a participar en un retiro juvenil con la mayoría de mis amigos y un hermano. Todos nosotros con un historial cristiano muy pobre. Ante la invitación, lo primero que me vino a la mente, que bien recuerdo fue: «por supuesto que no iré a su retiro aburrido»; pero fueron mis amigos quienes me sorprendieron, porque ya habían aceptado participar sin ningún problema, así que me vi obligado a acudir.

¡Me llevé una gran sorpresa! Fue un retiro extraordinario, no hubo el relajo que yo esperaba, fue mucho mejor que eso. Me motivaron a participar de las actividades religiosas, mis dudas acerca de la Iglesia se empezaban a esclarecer. Iba con más frecuencia a Misa, pero lo que más me llamó la atención fue la forma de vida de mi párroco, la sencillez y manera en que ayudaba a la gente, esa forma de sanar con tan solo una confesión, la alegría que transmitía; murió mi idea de que lo único que hacían los curas era celebrar Misa. Me di cuenta de que había otra manera de hacer algo por los demás y por la Iglesia, y pensé: “¿yo no puedo ser sacerdote? Soy un joven universitario, y dejar la universidad por algo así sería incongruente para un chico de mi edad; además, que dirán mis amigos, mi familia”. Fue de esa manera que hice de lado al Señor.

Después de dos años, en el 2013, concluí mi carrera; mis planes laborales empezaron a fluir, pero eran sólo mis planes. En el 2015, gracias al acercamiento que tenía con un par de sacerdotes, mi vida comenzó a inclinarse hacia la vocación. Nunca salió de mi boca “quiero ser sacerdote”, pero en mi mente y mi corazón ya estaba sembrada esa inquietud que tarde o temprano debía discernir.

Y hoy, ¡heme aquí! Curso el primero año de Filosofía. Conocer a Cristo de una manera especial, conocer nuevas personas, una nueva comunidad familiar y seguir jugando futbol, así como cantar al Señor con mi guitarra, es lo que más disfruto.

Fuente: SIAME