Cuando hablamos de la dignidad humana saltan a la vista muchos conceptos, muchas preguntas y muchos significados. Y es que hoy en día nos enfrentamos a la tentación de pensar que la dignidad es algo que “se hace” o “que se pone y se quita”. Ana Martha González, filósofa española, en sus escritos sobre la naturaleza y la dignidad personal desde el pensamiento del alemán Robert Spaemann, expone que este concepto de la dignidad es uno de los pocos que el discurso ético contemporáneo considera problemático. Sin embargo, y sin el afán de corregir a la filósofa española aquí podríamos apuntar que este concepto no solo es difícil en el discurso ético, sino fundamentalmente porque no se estudia la ética únicamente por el saber, se estudia la ética para el obrar.

 

Estimado lector, este artículo tan solo tiene la intención de presentar en una cuartilla algunos puntos a considerar con respecto a la dignidad y su relación con la santidad, pues en el mundo actual ésta se utiliza para argumentar en favor o en contra de determinadas posturas, sin reflexionar profundamente en torno al tema. Podríamos pues decir que la dignidad del hombre se fundamenta no en lo que éste hace, sino en el simple hecho de que existe, de tal modo que cada uno de los seres humanos, desde su concepción hasta su muerte es digno en virtud de que está presente, existente verdaderamente en el aquí y en el ahora; pero tampoco entendemos esto sin considerar que cada hombre tiene un fin natural y ese es Dios mismo. No solo le ha dado la existencia sino que al mismo tiempo lo pone en el camino de regreso a él.

Si ponemos un ejemplo, podemos pensar en estas aplicaciones móviles que nos permiten ingresar nuestra ubicación GPS y el destino al que vamos. Dios a veces es como estas aplicaciones, es decir, te dice en dónde estás ubicado, te marca el destino que es Él mismo y te marca la ruta para alcanzarlo. Todas estas rutas son los caminos de la santidad, el matrimonio, la soltería, la vida consagrada o sacerdotal. Sin embargo, te da la libertad de elegir si seguir el camino que te ha marcado o no hacerlo. Tomes el camino que tomes el Señor volverá a re-direccionarte, sugiriéndote constantemente la mejor ruta. Y ojo, no importa como sea tu dispositivo móvil, él siempre te responderá porque lo único importante es que existes, que posees la misma dignidad única del hombre y que estas conectado a su infinito amor aún sin WiFi.

Por medio de este ejemplo podemos decir que no importa que en el caminar a la santidad nos caigamos, pues somos débiles, frágiles y limitados, lo que importa es que estamos llamados a levantarnos y seguir la mejor ruta aun cuando hayamos dado vuelta en una calle equivocada y que a pesar de haber errado el camino nuestra dignidad humana sigue presente y siempre con la posibilidad de restaurarse para así retomar la ruta y llegar de la mejor manera a nuestro destino.

Jorge Mena Hurtado

2do de Discipular (Filosofía)