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SOY MÉDICO, PERO AHORA QUIERO SER SACERDOTE

By 24 mayo, 2019 No Comments

Estudié el bachillerato con los Hermanos Maristas, teníamos presente la oración durante la jornada, y llevábamos acompañamiento espiritual. En ese tiempo identifiqué al sacerdocio como una posibilidad entre otras, sin embargo, no era el momento ni mis planes, y no lo consideré a profundidad.

Nací el 4 de octubre de 1980 en la Ciudad de México, siendo el último de tres hijos varones; fui bautizado el 20 de noviembre en el convento de las Clarisas de Santa Isabel, Mixcoac, y confirmado el 13 de junio de 1981 en la Parroquia de San Antonio de Padua, en Buenavista de Cuéllar, Guerrero. Mi vida de fe se desarrolló en un ambiente familiar, principalmente en Buenavista, en casa de mis abuelitos maternos, con quienes pasábamos la mayoría de los fines de semana, vacaciones, fiestas, Semana Santa y Navidad; ahí aprendí a rezar en familia, a rezar diariamente el Rosario, a ir a la Eucaristía juntos, a orar por vivos y difuntos, y participar en la liturgia, además de visitar al Santísimo Sacramento y la devoción a los santos, en particular a san David Uribe Velasco, mártir de la Eucaristía.

Estudié el bachillerato con los Hermanos Maristas, teníamos presente la oración durante la jornada, y llevábamos acompañamiento espiritual. En ese tiempo identifiqué al sacerdocio como una posibilidad entre otras, sin embargo, no era el momento ni mis planes, y no lo consideré a profundidad. Afín a las artes escénicas, se orientaba mi vida hacia la actuación, no obstante, por una necesidad de servir, tomé un curso de primeros auxilios en el Escuadrón SOS, A.C., e ingresé a la Facultad de Medicina de la UNAM.

Durante los primeros años de la carrera, colaboré con el P. Margarito Salgado, en la Parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe, también en Buenavista, en el coro juvenil, en catequesis y en liturgia, así como en las celebraciones de Semana Santa en la Parroquia de San Antonio y acompañando a mi abuelito a la Adoración Nocturna, con lo que identifiqué en el interior una necesidad de responder más, porque Dios quería siempre “algo más”. Mi corazón seguía inquieto, hasta que entendí que cada vez que descubría una necesidad del prójimo y me cuestionaba, era ya un llamado, vocación. El motor eran los necesitados, sí de salud, pero principalmente de vida digna, esperanza, paz y sentido, necesitados de Dios.

Cuando vislumbré seriamente la posibilidad de participar de esta tarea en el ministerio sacerdotal, todo fue cobrando sentido en mi corazón y en mi historia. En Guerrero hay mucha necesidad, sin embargo, era conveniente que siguiera mi proceso en el Seminario Conciliar de México, donde ingresé y encontré una familia.

He recibido la bendición de ser Médico y ejercerlo, además de participar de un fructuoso y largo proceso de formación sacerdotal, que incluye el apoyo en diversas comunidades parroquiales y en Pastoral Penitenciaria; hace un año se me instituyó Lector con la tarea de llevar la Palabra de Dios, y ahora al culminar el tercer año de Teología se me instituyó Acólito, para servir a la Eucaristía viviéndola y compartiéndola. No estoy aquí porque me guste, ni porque quiera, no son mis planes. Estoy porque Nuestro Señor lo quiere en su misericordia, es su ministerio, y permanezco sólo por su gracia.

Fuente: SIAME